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A BORDO

CARLOS LUÍS RODRÍGUEZ

¿Será franquista el Apóstol?

12.07.2019 
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EL anterior alcalde de Santiago insiste en sus redes en que la ofrenda al Apóstol es una cosa de Franco, lo cual situaría en el franquismo a todos aquellos que respetan la tradición. Es una forma de intentar intimidar a un Bugallo que se está apresurando a restablecer la normalidad en éste y otros asuntos. El populista derrotado en las urnas sigue preso de las mismas manías que labraron su derrota, tras alejarlo de una ciudadanía que lo había recibido como una novedad prometedora. El socialista, en cambio, está libre de esas hipotecas y se dispone a ser el delegado regio en las ceremonias del 25 de Xullo.

Pero no olvidemos la fake histórica que atribuye al dictador el rito catedralicio. En realidad lo que hace Franco es apropiarse de una tradición que pertenecía al pueblo desde hacía más de tres siglos, para utilizarla como loa del régimen autoritario. Una vez instaurada la democracia cabían dos opciones: dejar la ofrenda como un vestigio de la dictadura, o rescatarla y devolvérsela a la gente. Afortunadamente se elige el segundo camino y a partir de entonces al Santo Patrón ya no se dirige un autócrata en el día grande de Galicia y España, sino reyes, alcaldes o presidentes con plena legitimidad democrática.

Aunque sus credenciales sean muy izquierdistas el antiguo regidor le está regalando al franquismo algo de los que el franquismo se incautó de forma artera, igual que hizo con la escultura del Mestre Mateo o el pazo de Meirás. Sorprende que se intenten recuperar la escultura y la mansión, mientras se acepta una apropiación tan importante y con tanta historia detrás. ¿Sería razonable que alguien dijera que no quiere el pazo o la escultura porque han pasado a ser franquistas? Pues mas o menos es lo que nos está diciendo el ex.

Que además incurre en un pecado por el que cumplió una penitencia electoral: la soberbia. Apunta Bugallo que un alcalde no deja de ser un renglón en la historia de cuatro siglos que avala a la ofrenda apostólica. Intentar rectificar esa historia dando plantón a la ceremonia, es tanto como decir que los innumerables creyentes o escépticos que respetaron esa tradición eran unos pobres ignorantes sumidos en la superstición, que no tuvieron la suerte de contar con un líder mesiánico que los sacara del error.

Lejos de ser un síntoma de ideas progresistas y avanzadas como a menudo se cree, el menosprecio a las tradiciones populares tiene un trasfondo anti democrático. Al pueblo, o a la moderna veciñanza, se le invoca como coartada aunque en la práctica se prescinda de él y se subestimen sus creaciones culturales, entre las que está todo lo que rodea a la ofrenda. Cabe la duda de si el rito del Apóstol se rechaza por sus supuestos resabios franquistas o porque es apreciado espontáneamente por la ciudadanía.

Tildar de franquista a todo aquello que a uno no le gusta, resulta bastante pueril. Alegrémonos de que al menos el antiguo regidor vea franquismo en la ofrenda solamente y no considere sospechoso al propio Apóstol. Cualquiera puede dar fe de su escrupulosa neutralidad durante los últimos cuatro siglos de historia que fueron bastante movidos.

Periodista