El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

La soprano Indra Sesti Di Lucca, con cuarteto de cuerdas

27.12.2017 
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Concierto en el Teatro Principal- 20´30 h.-, bajo la propuesta de la “Sociedad Filarmónica Rías Baixas”, en el que intervendrán la soprano Indra Sesti Di Lucca, acompañada por miembros de nuestra “Real Filharmonía de Galicia”, siempre incansables y generosos, se trata de Elina Viksne y Anca Smeu-violines-, la viola Natalia Madison y el chelista Plamen Velev. La soprano cubana se formó en canto lírico en el “Instituto Superior de Arte” de la Habana, integrándose artísticamente en la “Ópera Nacional”, y tuvo como profesoras a Celia Langa, Mayda Prado y Montserrat Caballé, para seguir con J.Antonio Campos. Ganó el Concurso Iris Burguet. También trabaja con la agrupación “Música Renacentista Herbens Consort”. Para la discográfica “Low Whistle Records”, grabó “Rimas de G.A.Becquer” de Albéniz, en recitado y canto e interpretó “The Telephone” (Lucy), de G.Menotti, con la “RFG”. El programa de esta tarde incluye del “Gloria RV 589” de Vivaldi, el “Domine Deus”, obra del período en el que el veneciano habría de cumplir de trabajos cotidianos en la “Pietà” y que tendría su estreno hacia 1713. Estamos ante una composición que por su grandeza, consiguió eclipsar a la mayoría de otras, mostrando su talento en este género. El autor supera aquí el rechazo del llamado “stile antico”, es decir, el contrapunto y la antifonía sistemática, con la intención de ofrecer lugar a una escritura que no disimula las prestaciones procedentes de la ópera, al servicio de los intérpretes en el ejercicio de los alardes virtuosísticos.

Mozart con el “Laudate Dominus” de las “Vesperae Solemnes de Confessore en Do M. K. 339”, ya en el final de sus obras religiosas debidas a sus obligaciones en Salzburgo y en la que nos encontramos también con algunas de sus misas. Para Hildesheimer, estamos ante una composición ambiciosa e imponente en la que el autor se complació en dar rienda suelta a su enorme maestría en el uso de la polifonía y la instrumentación. Sobre el propio “Laudate Dominus”, el musicólogo A.Einstein dirá que es una pieza que no se preocupa en absoluto por ser religiosa y posee tal encanto sonoro y tal expresión poética que difícilmente- tal vez solamente la “Serenata Op. 135” de Schubert, se podría encontrar algo igual. Puestos en el arte de la coloratura llegamos a su más alta expresión, apuntándonos al motete “Exultate jubílate, en Fa M. K.165” , que Mozart escribiría casi a vuela pluma mientras se enfrentaba a la ópera “Lucio Silla”. La pieza fluye con absoluta ligereza y es fruto de un compromiso con el castrato Venanzio Rauzzini, uno de los solistas que participarían en esa ópera. No dejará de sufrir ciertas actitudes de rechazo, como la del padre Martini, que encontrará en el motete un aire de presumible frivolidad. Para gozar en plenitud, las dos arias de que consta y el desbordante “Aleluya” de conclusión.

El cuarteto a su aire, se decide por el Arcangelo Corelli, del “Concerto Grosso en Sol m. (Para la noche de Navidad) Op. 6 nº 8”, valorado incluso por su propio título ya que pretende trasmitirnos un estado de ánimo cercano al intimismo y una tentación nostálgica a lo largo de sus seis tiempos, desde el inicial “Vivace”, en su brevedad hasta el “Largo” final, una “Pastoral”, en el que celebra la festividad que conmemora. Fritz Kreisler, cambiando de estéticas y acentos, nos aporta las piezas “Schöne Rosamari” y “Liebeslied”, dos de las que integran el grupo “Alte Wiener Tanzdances” (Tres viejas melodías vienesas) y que se completan con “Liebesfreud”, que el propio violinista solía usar como bises. En medio y para abundar en equívocos, el autor gustaría confundir con la posible autoría, asimilada de Lanner. Estamos ante una página para violín y piano que recibiría los tratamientos más diversos y un ejemplo de su sentido del humor con tintes caricaturescos.

Puestos en materia, más de lo mismo con “Plink, Plank, Plunk” de Leroy Anderson, maestro de las pequeñas formas de éxito seguro, como se confirma a través de piezas que universalizaron su fama: “Blue Tango”, “Sleigh Ride”, “Jazz Pizzicato” o “Syncopated Clock”, un peldaño en una carrera a la que daría fama la popular “Boston Pops O.” de Arthur Fiedler. Nuestro hombre cuenta con una estrella de la “Paseo de la Fama”en Hollywood, en reconocimiento a esa trayectoria que calaría tan a fondo entre los públicos más diversos. Albéniz por su “Tango en Re M.”, perteneciente a “España: Seis hojas de álbum Op. 165”, una aproximación a esa forma musical con la que conseguirá acertar con su aire cadencioso y lánguido. De este grupo, parecida estima tienen la “Malagueña” o la Serenata”. Carlos Gardel en un guiño al tango porteño que se nos ofrece en “Por una cabeza”, escrito a medias con Alfredo Le Pera, y que busca recovecos asimilables entre la hípica y los avatares de la vida: “Por una cabeza de un noble potrillo, que justo en la raya afloja al llegar y que al regresar parece decir, no olvides hermano, vos sabés, no hay que jugar…”Itzhak Perlman y J. Williams, hicieron su propia versión para incluirla en el filme de Martin Brest “Scent of a Woman”, valga por recordar alguna de las posibles.