El Correo Gallego

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PILAR CERNUDA

Spain is different

15.09.2018 
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HACE años, esta periodista quedó perpleja porque una española funcionara de la ONU en Nueva York fue expulsada de la organización por ser pillada copiando en un examen. Perpleja porque mientras se tomaban medidas drásticas contra la funcionaria, no dejaba de pensar que, en España, se miraba con cierta envidia a los estudiantes expertos en copiar. En EEUU, los compañeros se alegraban del castigo de quien había intentado tener una posición de ventaja sobre ellos, que se habían tomado la molestia de estudiar a fondo y podían quedarse sin plaza porque alguien menos estudioso les había adelantado.

Los titulares de los últimos días demuestran que la trampa es parte de nuestra cultura. Proliferan los "negros", se engrosan curricula sin ningún tipo de complejo, se inventan masters o se consiguen con trato de favor, y se pone la cruz en la casilla de máximo conocimiento de un idioma aunque malamente se pronuncien algunas palabras en esa lengua.

Se presume de lo que por ahí fuera avergüenza. Hasta que llegaron las multas se alardeaba de no declarar a Hacienda, o de encontrar la manera de engañar a Hacienda, como se alardeaba de los regalos desproporcionados que se recibían por parte de empresas que pensaban que de esa manera se garantizaban los favores de aquellos a los que agasajaban. Hay regalos y regalos, cualquier persona honrada sabe perfectamente qué puede aceptar y qué no, en función de quién lo manda y por qué.

No nos equivoquemos, no solo los políticos han trampeado. O algunos políticos. El nepotismo está a la orden del día en todos lols sectores, y no digamos el enchufismo. Le sacan ahora al presidente que obtuvo su plaza de profesor de la Camilo José Cela porque su entonces padrino político, José Blanco, pidió el favor al rector de esa universidad. No seamos hipócritas y lo consideremos escandaloso: eso es habitual, sea o no alto cargo el que llame para pedir que se dé un trabajo a un familiar o amigo.

Hasta hace muy poco en el sector de la medicina era moneda corriente que las farmacéuticas organizaran congresos con todo pagado, y a todo plan, a los médicos, y vemos ahora cómo uno de los oncólogos más respetados, Baselga, ha tenido que dejar su cargo nada menos que en el prestigiosísimo Sloan Kettering Center por haber recibido ingresos de farmacéuticas de forma legal ... pero sin declararlos a Hacienda. En España, con seguridad, no se habría sido tan duro con él, mientras que en Estados Unidos le ha costado el puesto.

Lo que vivimos estos días hace bueno el famoso Spain is different. No erraba el slogan: ante determinadas actitudes que avergüenzan en otros países, o son considerados delitos, aquí ni nos inmutamos. Hasta que algunos dirigentes políticos han sido pillados en falta.

Periodista