El Correo Gallego

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DESDE MI ATALAYA

BEGOÑA PEÑAMARÍA

Sucursales despersonalizadas

24.08.2019 
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LAS vanguardistas líneas de las nuevas y proliferantes oficinas bancarias pretenden dejar impactado al más pintado tratando de hacerle creer que sus instalaciones son tan modernas como uno mismo lo es o, probablemente y de tener dinero, como casi todo el mundo querría llegar a ser... Así que se esfuerzan en aparentar una empatía y amistad que, al final, solo funciona en las buenas.

Al mismo tiempo que los ciudadanos de a pie nos peleamos con las máquinas que han invadido las mal llamadas oficinas amigas; un par de trabajadores que, a juzgar por su indumentaria, les gustaría estar recién llegados de Wall Street; se afanan en fingir una sonrisa con la que tratar de solucionar -a los jubilados y a los que aún estamos lejos de serlo- nuestros más y nuestros menos con las cartillas, las tarjetas engullidas o los recibos que al cajero elegido no le da la gana de vomitar.

Si pides ayuda, algún operario te la brindará no sin antes recordarte que te pongas a la cola, que cojas número o incluso insinuar entre dientes que eres un burro... Quizás es que ellos son tan listos que han aprendido que haciendo sentir avergonzado al cliente, este se acabará yendo y desistiendo en su intento de "molestar"... No lo sé... Los hay muy sobrados de autoestima y también bastante faltos de humanidad... El origen de este mal puede radicar en estar rodeados de "compañeros" que responden al marcarles un dígito y que ha logrado que los escasos trabajadores de carne y hueso que van quedando en las oficinas, confundan a veces si son máquinas o son personas.

Con eso y con todo, los bancos son necesarios y mucho. Además de dar trabajo a buena parte de nuestros parientes o conocidos, muchos de los mortales pode- mos hacernos con una casa en propiedad, tener un coche, montar un negocio o pagar el máster de alguno de nuestros hijos... Pero las entidades se lo saben y abusan de su posición de poder. Comisiones abusivas, intereses por las nubes o juegos al despiste, son sus tácticas más comunes para con la clase media, que es en realidad la que los sostiene.

Más allá de criticar el sistema de negocio, me enerva la falta de humanidad de aquellos a los que les permitimos custodiar nuestro mucho o poco dinero, regalamos comisiones de todos los recibos que decidimos domiciliar en su entidad y ponemos en bandeja un tanto por ciento cada vez que pasamos nuestra tarjeta por la TPV de un establecimiento... Por eso y por mucho más, me crispa la falta de humanidad de la que hacen gala las entidades bancarias expulsando cada vez a más humanos -normales o fantoches- para sustituirlos por máquinas que, en lugar de parné, al llegar a fin de mes solo necesitan grasa y que contribuyen al empobrecimiento de la sociedad y al mayor enriquecimiento de la banca.

Confío en que este incremento de la población laboral sirva para que la Seguridad Social se proponga hacer pagar a cada robot su correspondiente cotización por el trabajo realizado, de tal modo, que quizás los humanos que nos escornamos a trabajar tengamos la pensión garantizada, los jubilados puedan gozar de las subidas pertinentes y, por fin, los autónomos tengamos derecho a prestación por desempleo... sin letra pequeña, que ya estoy bastante harta de forzar la vista.

Escritora y diseñadora