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El Correo Gallego

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A TODA VELA

FERNANDO PONTE

Tesis doctoral y realidad

23.09.2019 
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A PESAR DE mi afecto por Demetrio Peláez, cuya pluma oscila entre Camba y Fernández Flórez, con algo de martillo de progres por medio, no estoy de acuerdo con su artículo: Plagios y el arte del 'corta y pega', del pasado día 14. Como hay desorientación sobre las tesis doctorales debido a unos, pocos, sinvergüenzas que ocupan altas cargos del Estado, conviene aclarar algunas cosas, no sea que acabemos elevando la anécdota, el fraude ocasional, a categoría.

Un licenciado o graduado que quiera acceder al máximo rango académico, el de doctor, debe pasar una serie de filtros, no sencillos, que detallaré, dado que el lector no tiene por qué conocerlos.

Con carácter general, primero ha de estar en posesión de un máster oficial. Después debe presentar un proyecto a la comisión del programa de doctorado. Esta rechaza o acepta el proyecto total o parcialmente, poniendo los reparos que sean del caso. Una vez matriculado y superadas las cuestiones previas, se nombra un director de tesis que, a día de hoy, debe cumplir unos severos requisitos de investigación y publicaciones. Tras un período medio de cuatro años, dedicado a un trabajo de investigación científica o humanística original, el director, poniendo su prestigio personal, firma que dicho trabajo reúne las condiciones para ser presentado como tesis doctoral y se deposita la misma, que pasa otros tres filtros: La comisión del programa de doctorado, la exposición pública durante 15 días para que cualquier doctor que quiera examinarla lo haga, pudiendo poner reparos si es el caso y, finalmente, pasa a la comisión de la Escuela de doctorado de la universidad. Una vez aquí se nombra un tribunal, de tres universidades diferentes, de manera obligatoria, cuyos miembros reciben con antelación el trabajo, lo leen, lo valoran y firman, o no, su conformidad con el mismo para ser presentado como tesis. Es este garantista mecanismo el que hace que las tesis sean valoradas con altas calificaciones puesto que han superado todas estas trabas académicas, nada fáciles, créanme. Por ello el día de la lectura y defensa de la tesis, durante la cual también hay un turno de doctores, en el que cualquiera de ellos presente en la sala puede opinar, debería ser un día de gozo para doctorando y director, porque lo que se sustancia allí ya no es el aprobado, que debe estar garantizado por tanto control, sino la mayor o menor calificación. Que cuatro golfos se organicen para saltarse esto, de vez en cuando, no debe suponer una mancha para el resto de los sufridos currantes que se dejan el tiempo equivalente a haber cursado otro grado en tan ardua labor. Denúnciese el fraude y gocen los demás del merecido respeto a su birrete laureado.

* EL AUTOR ES PROFESOR DE LA USC