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El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Tierra 2.0

21.09.2019 
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CADA vez parece más claro que los versos de Juan Ramón Jiménez, si bien hermosos, no van a funcionar como una profecía: "y yo me iré. Y se quedarán los pájaros / cantando". Un estudio ornitológico que ayer publicaban los periódicos, y que antes había publicado la revista Science, asegura que los pájaros se mueren, no las especies exóticas (o no sólo), sino los pájaros de toda la vida, los pájaros de la infancia, los pájaros del jardín. Y que su extinción, como otras extinciones, está en marcha. ¿Las causas? Cambio climático y pesticidas en los paisajes agrícolas, dice el experto Panjabi.

Tal vez sea un síntoma más de la fragilidad de un planeta enfermo. Lo que sucede es que los pájaros forman parte de la vida diaria, están demasiado presentes en nuestra idea del mundo, aunque quizás no tanto como en la Edad Media. Los poetas medievales dedicaron muchos poemas a los pájaros. Conozco poetas actuales (y otros muchos que no lo son) que salen al campo con prismáticos para ver el paso de los pájaros. En Irlanda, lo recuerdo como una actividad habitual: bird watching. ¿Qué sucederá cuando el cielo se vacíe de pájaros? ¿Será el anuncio más elocuente de nuestro final?

Otra mala noticia sobre el planeta. Y aparece a pocos días de la Cumbre del Clima, que la ONU organiza en Nueva York. Ayer, como saben, millones de personas se echaron a las calles para protestar contra la inacción climática. No sólo es Greta Thunberg, como algunos quieren hacer creer, con su simbolismo mediático: son millones de jóvenes. Sobre todo, jóvenes. Quizás sólo ellos puedan salvarnos. Uno se pregunta qué más tiene que suceder, o si los poderes no tienen intención de escuchar el clamor de sus ciudadanos. La emergencia del planeta es el asunto más importante que tienen que abordar hoy los políticos (también en España: veamos la campaña electoral). Y muy pronto será el único asunto: porque todos los demás resultarán redundantes, porque nada podrá hacerse, nada tendrá sentido (por justo y necesario que sea). Todavía vemos hacer políticas que obvian los grandes retos porque creen que sólo nos fijamos en lo doméstico. Esto también es doméstico.

El arte y la literatura se han volcado en la cuestión ecológica. No sólo se ha disparado la narrativa de la naturaleza (nature writing), sino que de pronto abundan las distopías. Muchas de ellas nos presentan mundos atroces (Margaret Atwood ha vuelto), como en su día nos los presentó Orwell, lo que implica que existe una gran inquietud sobre las sociedades del futuro. Y sobre la libertad. Tampoco falta la visión de la Tierra envenenada, recalentada, dirigiéndose hacia una muerte segura. Y la lucha feroz por al agua. Los viajes espaciales están de nuevo de moda, al menos, en el cine: ahí está el estreno de Ad Astra. La otra noche, aprovechando la oleada de protestas mundiales y el miedo a que este planeta deje de ser habitable, me uní en casa a un nuevo visionado de Interestellar (TVE, La1). No es una obra maestra, pero Christopher Nolan consigue poner sobre la mesa, con gran belleza, lo que algunos científicos (también lo pensaba Hawking) ya dan por hecho: la necesidad de encontrar pronto una Tierra 2.0. Si queremos continuar.