El Correo Gallego

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{ EL DÍA DESPUÉS }

PEPE CASAL

Del todo a la nada

15.11.2016 
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Tras un primer cuarto primoroso, de lo mejor que hemos visto en Sar, y una primera parte muy buena, tanto en ataque como en defensa, parecía que la victoria no se podía escapar. Casimiro debió de apretar a los suyos en el vestuario y al comienzo de la segunda parte el Gran Canaria subió su nivel de intensidad defensiva. El Obra fue aguantando el arreón y con un afortunado triple de MacConnell llegó al último cuarto con la vida que dan 15 puntos de ventaja en el marcador.
En el comienzo del último cuarto se cumplió, desgraciadamente, lo que Moncho había anunciado: el Granca es un equipo que no te permite 2 o 3 minutos malos porque se van de 14 puntos … y eso fue lo que ocurrió. En un abrir y cerrar de ojos y con un Obra que no fue capaz de adaptarse a ese nivel defensivo se volvieron a enganchar al partido y consiguieron una victoria que, si fuese en un combate de boxeo, el Obradoiro hubiese ganado merecidamente a los puntos. MacConnell, que jugó un gran partido, no fue suficiente ante un equipo que en el momento de la verdad, fue liderado por la intensidad de Báez, un 4 con alma e historial de 5, que hizo lo que quiso en ambas zonas. Lo secundaron primero McCalebb con su agresividad y después un gran Oliver que con su dirección hizo un destrozo en la floja defensa del Obra.
Analizando lo sucedido, la defensa fue la clave. En la primera parte los de Sar solo permitieron anotar 34 puntos a un equipo que promedia 98 en la Eurocup. En cambio en la segunda recibieron nada menos que 56, 32 en el último cuarto. Otro motivo fue la falta de acierto y el lastre de las flojas actuaciones de Benzius y Allen, ya que en este fatídico último cuarto el Obra solo fue capaz de conseguir jugando a baloncesto dos canastas en forma de dos entradas, una de MacConnell y otra de Dulkys. Con ese pobre bagaje y encajando 32 puntos es muy difícil ganar.
Hay una última causa que quiero resaltar y es que cuando un equipo comienza a ser muy agresivo en defensa, metiendo mucho las manos y estando al límite en las líneas de pase, tienes que hacer obligatoriamente lo mismo sobre todo si es al final del partido. Al principio los árbitros suelen pitar esas faltas pero si es al final, siguen con su standard de permisividad y no las pitan. Una prueba de ello la tuvimos en el dos contra uno que le hacen Báez y Aguilar a Pustovyi, con el granadino bajando sus dos largos brazos y propinándole un leñazo en la cara que hace que Artem pierda el balón, se revuelva y cometa la falta que origina la técnica de Moncho. Esa acción en el tramo final se la traga Bultó y además no duda en pitar la técnica que la tenía en su guión. Fue justa y debería de haber sido evitada, pero el doble manotazo de Aguilar o el del final de Salin a Allen son faltas. No lo digo yo, lo dice el reglamento.