El Correo Gallego

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A SON DE MAR

JUAN SALGADO

Más tontos que botellines

11.08.2018 
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LA CIENCIA, según los resultados de estudios extendidos en el tiempo y cotejados ahora, lo justificaría en el evidente retroceso del cociente intelectual de la población mundial a partir de 1975, fecha en la que cambia de sentido la tendencia alcista del IQ. Más osado aún, el polémico biólogo de la universidad californiana de Stanford, Gerald Crabtree, aludiría a que desde Grecia para aquí todo fue, a nivel de la inteligencia humana, un ir cuesta abajo en la rodada, como en el conocido tango.

Más categórico y conciso, el periodista Carlos Herrera acostumbra, por lo que hace a España, a significarlos en su cantidad apuntando que en este país de nuestros amores hay más tontos que botellines. Este cronista se apunta más bien a la tesis de la nefasta influencia del Cojo Manteca en la precipitada elaboración de una Ley de Educación que, también como el tango, no ha hecho sino ir cayendo en la rodada a medida que otras leyes, todas socialistas, se iban superponiendo y que, desde entonces para acá, no han hecho más que menguar el conocimiento de los educandos españoles.

En todo caso, como el género abunda, se ha colado también y de manera prevalente entre nuestra clase política, donde hace estragos.

Desde que las televisiones empezaron a dar cabida en sus informativos a la ocurrencia del político de turno para llenar los telediarios de los fines de semana, cada partido nombra a su portavoz de guardia, con el argumentario debidamente aprendido. Tanta fruición, entusiasmo y aportación propia pusieron algunos en la tarea que ya hay quien llama a esa figura "portavoz para idiotas". Y ya bien sea en sede parlamentaria, en pleno municipal o en el "corte" para el telediario de mediodía del domingo, la estupidez progresa a una velocidad tan de vértigo como las muestras de incultura que va dejando tras de sí.

Sabíamos hasta ahora de la manifestada incultura de Ada Colau al llamar "facha" al almirante Cervera, que comandó la Armada española en la guerra de Cuba. La ínclita Manuela Carmena nos produjo vergüenza ajena por su absoluto desconocimiento de las trayectorias de Juan Pujol García, alias Garbo, o del ferrolano pionero de la aviación Francisco Iglesias Brage. El Ayuntamiento de Sabadell pretendía borrar de su callejero, amparado en la Ley de Memoria Histórica, a los se supone que "franquistas" Antonio Machado, Goya, Luis de Góngora, Espronceda, Campoamor, Tirso de Molina, Moratín, Larra y hasta a Dolores Ibarruri la Pasionaria, o Rafael de Riego, el autor del himno de la república.

Ahora es Matías Alonso Blasco, miembro del Partido Socialista valenciano y coordinador del Grupo para la Memoria Histórica de aquella Comunidad, tarea en la que dicen que lleva quince años, quien alude a las "esvásticas de la entrada de la catedral" confundiendo el símbolo hitleriano con marcas de fábrica que datan nada menos que del siglo XIV.

Se puede ser inculto por falta de medios o de ganas. Ser, además, político y ejercer de inculto es una desgracia para quienes tienen que padecerlo, que somos el conjunto de los españoles. Lo peor de todo es que ni a pesar del dinero que graciosa y generosamente les pagamos se tomen el esfuerzo de leer al menos la Wikipedia.

jsalgado@telefonica.net