El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Tragedias en directo

22.08.2019 
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Las tragedias aparecían en riguroso directo en el informativo 24 horas, de Televisión Española. En plena noche de verano había ojos para Gran Canaria, primero, donde se daba una rueda de prensa a la que acudía la ministra de Defensa. El incendio, feroz como pocos, se había llevado por delante más de doce mil hectáreas, y gran parte de un pulmón vegetal tan relevante para la isla como el Parque de Tamadaba. Por no hablar del impacto en las vidas de muchos habitantes: hasta diez mil personas fueron evacuadas. La naturaleza del desastre se explicaba con abundantes datos técnicos, o bien con la emoción de algunos, menos precisa, pero quizás más elocuente. En ‘El Chiringuito’ (Mega), Pedrerol y sus invitados llegaron al plató de medianoche portando camisetas amarillas de homenaje a la tierra golpeada por el fuego. Aunque los gestos sólo sean gestos, es bueno acordarse de la gente.

Moisés Rodríguez, a cargo del informativo nocturno, saltó de pronto a Lampedusa, porque empezaba la maniobra del desembarco de Open Arms, televisada, a pesar de las dificultades que parecían tener los cámaras. Abrazos y lágrimas en la semioscuridad. Esa lentitud que precede al desenlace. Esa tensión que se mascaba en la noche de Lampedusa, mientras un grupo de personas aplaudía con cariño a escasos metros del agua. Acordándose de la gente. Fue el otro directo: dos tragedias lo ocupaban todo en la noche de verano.  

Y no eran las únicas. El verano no da tregua. Ya no hay lugar para el silencio, ya no cabe la quietud. Contemplas los titulares y abunda en ellos la palabra crisis. Humanitaria, económica, política. Para haber traspasado el ecuador de agosto, las malas noticias no remiten. Como dijo alguien ayer en una radio, sólo la ausencia de noticias nos recordaría que estamos en verano, pero eso ya no pasa. La política dejó algunas asignaturas pendientes, y nadie cree que septiembre vaya a mejorar los resultados. Nos afanaremos en nuestras vidas, que se aceleran con la vuelta del curso, y a cada instante nos recordarán que vivimos en una tormenta de desconfianzas mutuas. La crisis se impone como libro de estilo. Lo malo es que nos adentraremos en el otoño sin habernos curado muchas heridas.

A las amenazas de una recesión económica (se insiste en ellas, quizás como preparación psicológica del ciudadano) se une el fin de los tratados militares, las pruebas que lo confirman, el viaje de Boris Johnson a Alemania para decir que no está de acuerdo en nada y menos en lo de la frontera irlandesa (es una prueba de fuego para la fortaleza de Europa, y en esto, ya que en otras cosas parece costarle más, debe demostrarla). Y, desde luego, está la gran movida italiana. Y las ocurrencias de Trump, cada día una nueva, y casi siempre para alimentar ese libro de estilo que algunos están empeñados en escribir y en imponernos a los demás. La crisis y la tensión como libro de estilo. Normas que parecen ser más importantes que la vida de la gente. Miedos y más miedos. Desencuentros. Desconfianzas. Sospechas. Las fronteras como invento del hombre. La política que enreda el ovillo de Ariadna y no logra salir del laberinto. Incendios. Náufragos. Hielo fundido. Tragedias en directo en medio de una noche de verano.