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MARÍA PAZ GARCÍA RUBIO

La USC, investigación y desequilibrios (I)

18.12.2011 
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LA USC ESTÁ EN CRISIS. Su presencia mediática en las últimas semanas a raíz de la situación laboral de los investigadores Parga Pondal y la guinda del último claustro, rechazando los presupuestos para el próximo año, así lo atestiguan. El paso adelante de algunas voces señeras de la pasada gestión universitaria, mostrando públicamente su opinión contraria a las decisiones del actual equipo, también nos dice que la oposición tiene entre sus manos una presa que no va a soltar fácilmente. La bisoñez y la ausencia de previsión del nuevo equipo de gobierno ha facilitado las cosas a quienes en las últimas elecciones se vieron sorprendidos por su falta de acuerdo y dejaron en unas manos nuevas la gestión que, de una manera u otra, habían venido acaparando durante décadas. Con todo, creo que hay una visión de la situación que se está hurtando a la opinión pública en relación, al menos, con el problema vinculado a la plantilla de personal docente e investigador de nuestra Universidad.

Lo primero que llama la atención en todo este embrollo es la falta de transparencia en un asunto que tiene un componente cuantitativo evidente. Hace unos días EL CORREO GALLEGO nos decía que hay titulaciones con más profesores que alumnos; que la plantilla de la USC no se ha ajustado en los últimos 20 años a una reducción de 15.000 alumnos. Datos suministrados a la comunidad universitaria por el actual equipo rectoral, un día antes del claustro, muestran que existen áreas de conocimiento donde hay 25 profesores más que los que exigen sus necesidades docentes. Ni los miembros de la comunidad universitaria ni la opinión pública sabemos a ciencia cierta si esto es así. El Rectorado sigue sin darnos la información completa, de la que sí conocemos realidades parciales: por ejemplo, que hay materias en las que los alumnos no tienen clase cuando un profesor se pone enfermo porque nadie puede sustituirlo, o que hay encargos docentes muy por encima de las obligaciones legalmente exigibles, o que frecuentemente es incluso físicamente imposible atender a esas obligaciones, porque se superponen.

Ante esta situación de profundos desequilibrios, fruto de la gestión de sucesivos equipos, los discursos se dividen entre la negación de los hechos o su aceptación como una situación aceptable. Que este desequilibrio no es tal, ha sido durante años un mantra amparado en que nunca se han hecho públicos los números reales. Nunca ha habido una planificación de personal a medio y largo plazo, ni una voluntad de que la hubiera. Mi fugaz paso por las tareas de gobierno y mi intento de que se entendiese la necesidad de un cambio de rumbo fueron tan vanos como frustrantes. La asignación de recursos basada en el reparto entre clanes más o menos notables ha sido un método mucho más utilizado que el de identificar necesidades reales y asignar recursos en función de esas necesidades. Resulta sarcástico que quienes hoy reclaman datos fiables y previsiones de política de personal, no asumieran esa tarea cuando tuvieron la responsabilidad de hacerlo. Mas, como digo, también se puede reconocer entre dientes la situación y no considerarla como algo negativo: es la estrategia en la que creo que se está planteando el discurso que tiene hasta ahora mayor eco mediático. Un discurso que, simplificado, vendría a decir que, sea cual sea el precio, no se puede prescindir de los mejores científicos. Este discurso es, a mi juicio, parcial y sectario.

Parcial, porque prescinde de la doble función de la Universidad, como institución docente e investigadora; porque manipula el concepto de "exigencia social", diciendo que lo que la sociedad reclama es investigación, olvidando que las familias que envían a sus hijos a la Universidad lo hacen porque están convencidas de que es un lugar de formación.

Leí en uno de los post que publicó este periódico al hilo de las noticias sobre la situación de los investigadores que finalizan sus contratos, que la actual situación de desequilibrio entre las áreas en la plantilla de la USC determinaba la existencia de alumnos de tercera y alumnos de primera. Estoy de acuerdo: se discrimina entre quien paga su matrícula y no recibe a cambio la formación a la que tiene derecho, frente a quien paga su matrícula y tiene a su disposición un plantel docente de lujo ¿Es distinto el derecho a la educación de un estudiante de Derecho o de Geografía que el de uno de Física o de Química? La situación comparativa hace que leer comentarios achacando a la USC un perfil dedicado exclusivamente a la docencia sea, sencillamente, infame.

En una próxima ocasión trataré de argumentar por qué la parcialidad y el sectarismo del discurso más concurrido es también predicable de la labor investigadora que ha de caracterizar a la Universidad.

 

*La autora es catedrática de Derecho Civil de la USC, vocal científica de la Comisión Nacional de la Actividad Investigadora, e investigadora del grupo de Conflictu Legum, grupo de referencia competitiva (GRC) reconocido por la Consellería de Educación.