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leña al mono, que es de goma

DEMETRIO PELÁEZ

¿De verdad son "antifascistas"?

09.12.2018 
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El alcalde de Santiago cuenta ya con otro gran logro digno de ser celebrado por todo lo alto por la izquierda radical del sector mareante. Al fin, ningún vehículo de la Policía Local pudo patrullar durante una noche entera las calles de la capital gallega debido a la falta de efectivos, que llevan varias semanas denunciando esa situación mediante manifestaciones a las que Martiño Noriega y sus palmeros no hacen ni puñetero caso.

Normal. Son policías, hombre. Gente que tiende a la represión y al porrazo fácil contra demócratas tan impecables como los amigotes de la diputada de Podemos Paula Quinteiro, especialistas en romper retrovisores de coches que están aparcados en la calle. Si aquella noche, la de los cristales rotos, las rúas del Ensanche hubiesen estado huérfanas de vigilancia, los coleguillas antifascistas de Paula hubiesen podido dar una mayor rienda suelta a sus ansias de libertad de expresión y la propia representante del pueblo gallego -¿de quién?- no hubiese tenido que salir en su defensa frente a las fuerzas déspotas encargadas de la seguridad ciudadana.

Tampoco los pacíficos okupas que habían convertido un casoplón del casco histórico en un bar ilegal hubiesen sido duramente reprimidos, pobriños, por la salvaje Policía Nacional, que como todo el mundo sabe actúa a las órdenes de jueces corruptos y vendidos al poder político.

Policías. ¿Qué pintan semejantes energúmenos en una "ciudad rebelde" como Compostela? ¿No habéis visto como criminalizan a los mozos e mozas que celebran fiestas silenciosas de madrugada? ¿Y los malos modales que despliegan cuando jóvenes pacifistas deciden denunciar el capitalismo salvaje asaltando edificios como el antiguo colegio Peleteiro? ¿Y lo bordes que son con los botelloneros que tan solo desean socializar de madrugada en la Alameda o en el Campus Vida?

No, hombre, no. Santiago está mucho mejor liberada de fuerzas de ocupación, que solo traen malos rollos y deterioran la convivencia. Ese es el mensaje que los alcaldes gallegos vinculados con Podemos han tratado de transmitir desde que sentaron sus reales en las instituciones, actitud que le ha valido a Noriega ser repudiado por el mismísimo Sindicato Unificado de Policía, y los de otras "ciudades rebeldes" no les van a la zaga. De hecho, la gran lideresa de esta pandi guay es Ada Colau, descerebrada que llegó a acusar a algunos de los agentes participantes en la operación "antiurnas" de Cataluña de aprovechar los disturbios para meter mano a varias mujeres que querían ejercer su supuesto derecho al voto. Manda huevos.

La admirada "activista social" también siente, como buena progre de todo a cien, una tirria especial por los militares, hasta el punto de que casi logra vetar la presencia de las fuerzas armadas en la celebración del próximo Salón de la Enseñanza de Barcelona por estimar que los indeseables y fachas guerreros no pintan nada, por muchos centros de formación que dirijan en Marín, Zaragoza o Lérida, en el sector educativo.

Con maestrillas de este calado, no es de extrañar la enorme desidia que está demostrando Compostela Aberta a la hora de intentar paliar el grave déficit de policías que sufre la ciudad. Para el equipo de gobierno no es un problema prioritario y tampoco le molesta que decenas de agentes locales lleven semanas manifestándose, de una forma muy ruidosa, bajo los soportales del pazo de Raxoi. Es más, eso les da puntos positivos entre las fuerzas "antifascistas", cuyos representantes tienden a mirar muy mal a los cuerpos armados salvo cuando desean contar con vigilancia gratis y protección full time en sus casoplones de la Sierra. Entonces, si llevan dos pistolones, mejor que uno. Y si es necesario movilizar a la Brunete, que a nadie le tiemble el pulso. No son listos ni nada los revolucionarios del sector pablista.

Visto cómo está el patio, plagado de mentirosos y de carotas, nada tiene de raro que a mucha gente se le haya ido la pinza con los cantos de sirena procedentes de las rocas de Vox, pese a saber que el estacazo está garantizado. El hartazgo tiene un límite y nadie está libre de estallar... por peteneras. Ese momento ha llegado y lo cierto es que cada vez hay más personas dispuestas a formar junto a los compañeros que hacen guardia sobre los luceros, e incluso a desfilar al paso alegre de la paz. Vaya planazo. Casi tan demencial, sin duda, como patrullar las calles andaluzas con Pablo Iglesias y sus juventudes desquiciadas en busca de cuatrocientos mil "fascistas" supuestamente camuflados bajo trajes de faralaes o de torero.

A esta surrealista situación hemos llegado tras cuarenta años de democracia. Si no fuéramos tan inconscientes, deberíamos haber celebrado dicho aniversario llorando amargamente sobre un ejemplar encuadernado de la Constitución, porque se avecinan tiempos mucho peores. Todo ello gracias, como siempre, a los descerebrados extremistas.

Pero hombre, ¿de verdad a alguien le asombra que ni el alcalde ni ninguno de sus concejales acudiesen al homenaje que ciento y la madre de músicos rindieron, esta misma semana, a la Banda Municipal con motivo del 170 aniversario de su fundación? En el Auditorio de Galicia se dieron cita, con motivo de este cumple, instrumentistas pertenecientes a casi una treintena de agrupaciones y la gala contó la participación de un crac de la batuta, el prestigioso director Luis Cobos, pero por allí no se dejó caer ningún miembro del gobierno local.

¿Motivo? Las agendas, chico, que echan humo todo el día. Vaya excusilla. ¿Seguro que los diez concejales del ejecutivo estaban ocupados en temas más importantes un martes a las nueve de la noche? Venga ya... Aquí lo único que ocurre es algo tan sencillo como que los políticos supuestamente progres, y muy especialmente los del sector republicano-podemita, pasan olímpicamente de las bandas populares, inventos que identifican con la derecha rancia, los toros, la Semana Santa, los desfiles, los domingos de vermú y las procesiones pueblerinas. Donde esté un rap de algún tarao al estilo Valtonyc, que al parecer es antifascista por defender el independentismo y humillar a las víctimas del terrorismo, que se quiten los pasodobles y cualquier otra musiquilla que huela a españolismo.

En su derecho están a escuchar, a glosar o a despreciar lo que les venga en gana -faltaría más-, pero los políticos sabios saben diferenciar perfectamente la esfera privada o íntima de la pública. Y en eso Compostela Aberta también ha fallado de una forma estrepitosa.

EL AUTOR ES PERIODISTA