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ABEL VEIGA

Vías de hecho y de derecho

15.10.2019 
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YA casi todo está escrito sobre la sentencia del Supremo. No hay rebelión a juicio de los siete magistrados. Unánimemente firman la sentencia. Ni un voto particular. Ni una discrepancia al menos pública. Sedición. Lo de menos es, quizás, que en unos meses, penitenciariamente, estén en la calle y vayan tan solo a dormir a prisión.

Pero como todo pronunciamiento judicial, no es una verdad absoluta e incuestionable. El tribunal aprecia unos hechos y valora unas conductas, y desde cierto subjetivismo señala que la independencia era una "ensoñación". Conviene sin embargo no olvidar que todas las revoluciones de terciopelo y caídas de muros vinieron a finales del 89 y comienzo de los noventa, por la vía de los hechos.

La suerte estaba echada, como los hechos. Quizás como un devaluado artículo 155 que irrisoriamente y desvalido fue aplicado siendo no obstante conscientemente amputado antes de enervarlo. La legislación penitenciaria y la apreciación de las comisiones de vigilancia penitenciaria se aplicarán en demasía. No lo duden. La puerta que conscientemente deja el Supremo al no blindar en la ejecución de la sentencia las penas y sus años con dificultades para pasar de unos grados a otros -hay tres en el ámbito penitenciario-, hará que en breve les veamos por la calle. Que nadie derrame lágrimas que la sentencia no es especialmente dura con los procesados. Estos ya tienen su nueva gasolina para su victimismo. Todo estaba preparado y necesitaban como el aire este impulso. Ni mejor ni peor. Salvo claro está que fueren absueltos. Si me lo permiten algunos pensarán que no sale demasiado caro, o como ahora dicen los jóvenes, "renta" ser sedicioso. Es lo que hay.

Estamos en la siesta desmadejada de un país que no es capaz de mirarse al espejo y que deja mucho que desear de todos quiénes están al frente de no pocas instituciones. Se sigue hablando sin disimulo ni vergüenza de judicialización de la política y politización de aquélla. Aquí hubo un delito. Y punto, pero la fineza lo ha suavizado. Es la interpretación del tribunal juzgador. Y como tal, es una sentencia que todos acatan. onerosa en su flexibilidad a la hora de la verdad.

Ciertamente nadie olvida los hechos ni el caldo de cultivo, ni el chuleo grotesco y ridículo de la Constitución, la misma que ahora les protege y garantiza un juicio justo. La erosión está y sigue y seguirá abierta. Nadie le pone puertas al campo, y tampoco se las pondrán al nacionalismo ni al deseo de independencia de casi una mitad. Tienen mucho tiempo para persistir.

Es tiempo de elecciones no lo olviden. Y todas las declaraciones públicas escuchadas hasta el presente están en esa órbita. Y sin embargo, hay quién pide diálogo, pero de ¿qué se dialoga ahora mismo?

Profesor universitario