El Correo Gallego

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Contrariedades

XOSÉ RAMÓN R. IGLESIAS

Dos debates, dos preguntas

26.04.2019 
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Expira el tiempo de campaña y la derecha empieza a percatarse de que cazar a Sánchez no era tan fácil como preveía. El exceso de tiradores -nunca antes habían sacado tantas licencias de armas- hace que se estorben a la hora de apuntar a su objetivo. En el punto de mira de la izquierda rupturista, en cambio, nunca estuvo el presidente del Gobierno, al que no desean abatir -caerían con él-, sino acompañar en su larga fuga hacia una nueva legislatura enteramente socialista. Y, así, entre los berrinches carpetovetónicos de unos y los relevos que le proporcionan los otros, el líder del PSOE pasó sin sobresaltos y sin pérdidas de décimas en las encuestas que no se pueden publicar las dos etapas reinas celebradas en los platós de TVE y Atresmedia.

Los debates ya son parte de los archivos televisivos y pueden resumirse como la historia de dos preguntas a Pedro Sánchez. Desde la derecha, le insistieron una y otra vez en una cuestión casi metafísica, como es si otorgará o no -ojo a la ausencia del condicional- el indulto a unas personas que están siendo juzgadas, por lo tanto aún no condenadas, y que nunca mostraron intención alguna de pedir tal medida de gracia en el caso de una sentencia desfavorable.

Mientras, desde el rupturismo, la cuestión que le planteó su representante fue de índole más práctica, relativa a si pactará o no con Ciudadanos tras la noche electoral del 28-A. Ambas interpelaciones situaron en el centro del tablero, en una posición moderadamente socialdemócrata y ventajosa, al candidato residente en el palacio de La Moncloa, que no contestó a ninguna de ellas en la primera cita y sólo a una en la segunda.

La de Pablo Iglesias fue una pregunta expuesta en positivo, movida por el ánimo de saber si su partido podrá contribuir con el próximo Gobierno -desde dentro o desde fuera- en la construcción de la España socialmente más justa que pregona. Se puede discutir si eso es lo que más le conviene al país, pero es un proceder honrado y legítimo. Incluso resultó comprensible la persistencia en su planteamiento, pues los reiterados intentos de Albert Rivera en contestarla por Sánchez, en ser su voz en este interrogante, en suma, aunque fuese para negar tal posibilidad, no dejaba de ser un dato sospechoso que podía inducir al candidato de Podemos a ponerse en lo peor.

Pablo Casado y Rivera se dejan llevar por el rencor y las vísceras, como si se regodeasen con el mal ajeno. Tienen derecho a que el presidente les aclare si llegará a acuerdos con los independentistas, pero no a frivolizar con la vida de los dirigentes de este movimiento que podrían envejecer en la cárcel. Y, a veces, da la impresión que les interesa más esto que solucionar los problemas de los ciudadanos. ¿Acaso traerá el progreso a España que Junqueras se pudra en prisión? Sánchez contestó a Iglesias con un escueto "no está en mis planes" y nada dijo de los indultos. Puede que sea más hombre de Estado del que parece o que, simplemente, le interese que la jauría siga exhibiendo su rabia.