El Correo Gallego

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XOSÉ RAMÓN R. IGLESIAS

Juegos de guerra

26.04.2019 
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EN Los mejores años de nuestra vida, William Wyler nos narra con desbordante emoción y evidente maestría -Billy Wilder llegó a decir que era la película mejor dirigida de la historia- la difícil adaptación a la vida cotidiana de tres jóvenes combatientes norteamericanos, uno mutilado, que regresan a sus hogares vencedores en la Segunda Guerra Mundial. Los héroes no tardan en convertirse en perdedores, que ven con amargura como progresaron las vidas de los que se quedaron en sus casas, con sus familias y sus profesiones, mientras las suyas se truncaron por la carnicería bélica en la que fueron llamados a participar y por las heridas que sus ausencias provocaron en sus entornos más íntimos. Tal como él concibe la política, José María Aznar se puede considerar, también, un superviviente de guerra al que lo mata el desarraigo de estar alejado de la primera línea del frente. Por eso se alistó al ejército de Casado, reenganchado como sargento chusquero, para amenazar a Abascal (a mí, mirándome a los ojos, nadie me llama derechita cobarde) y al resto de candidatos (en un debate, me duran muy poco). Lenguaje marcial del que nunca quiso ver que sus juegos militares en Irak con Bush ocasionaron el bombazo electoral de Zapatero.