El Correo Gallego

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CONTRARIEDADES

XOSÉ RAMÓN R. IGLESIAS

Yolanda D. y asesores

17.01.2020 
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Ni subida del sueldo mínimo ni derogación de la controvertida reforma laboral de Mariano Rajoy. La primera medida que tomó Yolanda Díaz como nueva ministra de Trabajo, y que en realidad la puso en marcha antes de hacerse cargo del Ministerio, fue de carácter más personal y, aunque apenas tenga incidencia en la vida de las personas asalariadas, provocó un violento movimiento sísmico en el seno del rupturismo asentado en la Cámara gallega de O Hórreo, donde anida dividido en dos grupos parlamentarios.

La diputada roja ferrolana de Unidas Podemos, nada más saber por boca de Pablo Iglesias su ascenso al Gobierno de Pedro Sánchez, decidió fichar como asesor a Manuel Lago Peñas, que ocupa escaño en Santiago en el Grupo Común da Esquerda, enfrentado al Mixto de Luís Villares. Su marcha hará correr la lista de En Marea, la candidatura primigenia de la que surgieron estas dos mitades enemistadas como hermanastros malavenidos, con tan mala fortuna, que el turno de entrada recaerá en Mariló Candedo, afín al exmagistrado que lideró la formación en 2016 ante Feijóo, que promete irse con él e incorporarse a la facción contraria al diputado dimisionario, modificando de esta manera la correlación de fuerzas que había surgido de la incendiaria y transversal guerra civil parlamentaria en el seno de la izquierda ruputurista gallega.

No es la primera vez que Yolanda Díaz causa un revuelo en el hemiciclo autonómico de estas dimensiones, pero la novedad es que en esta ocasión lo hace de forma indirecta, casi involuntaria, y desde fuera del edificio que alberga el poder legislativo. Queriendo o no, posee una rara habilidad para inflar el Grupo Mixto, al que en 2014, por razones similares a las actuales, expulsó desde AGE a la diputada ourensana Carmen Iglesias, a la que en vano intentó disuadir antes exhibiendo un talante barriobajero para que no recogiera el acta a la que había renunciado el representante de Anova David Fernández Calviño, y así corriera un puesto más la lista y el escaño siguiera en manos de la Anova de Xosé Manuel Beiras.

Con idéntico resultado, el papel de pérfida madrastra de Blancanieves que adoptó Yolanda con Iglesias –Carmiña, no Pablo, que entre los comunistas también hay clases– lo asume ahora la diputada de Podemos Luca Chao con Candedo. Esta dirigente morada habla de “atraco democrático” en la sustitución del escaño referido, pues en su opinión es “como si un acta del BNG fuese cubierta por una persona del PSOE”. Tan acostumbrada está a que los propios miembros de su lista sean potencialmente enemigos, que no repara en que nacionalistas y socialistas concurrieron en candidaturas distintas. No estaría de más que, antes de irse, Manuel Lago también la asesorase a ella sobre el funcionamiento de la ley electoral. Y luego, ya en Madrid, donde el ministro tal vez debería ser él, que sus consejos tengan el éxito suficiente para que Yolanda cree tantos puestos de trabajo como quebraderos de cabeza le da al servicio de acomodadores del Parlamento que preside Miguel Santalices.

Los asesores son piezas fundamentales en la política de nuestros días y, aunque Lago es una excepción, en este Gobierno no hace falta que aporten cualidades extraordinarias para su contratación, como demuestra el imparable ascenso de Iván Redondo en el laberíntico organigrama de Sánchez, que así le paga el haberlo estrellado en el innecesario 10-N. Redondo se dedicará a pensar los próximos treinta años, pero si lo hace con la clarividencia que mostró tras el 28-A, no pasará del primer lustro.

Y, por último, Feijóo también llevó a cabo un reajuste en el ala oeste de San Caetano. Una operación parecida a la de los rupturistas, pero sin producir roturas internas. La marcha de su secretario xeral de Presidencia movió la lista de colaboradores hasta afectar a la Vicepresidencia. Ya que a Rueda se le va pasando el arroz, al menos que ascienda su jefe de prensa. Al que la ministra de empleo, mientras esté ocupada en Madrid, intentará mandar al paro.