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SANTI CARRO

Zumo de naranja: 12 mandamientos (y III)

16.09.2018 
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8/ ¿Nunca se ha preguntado, y por qué hasta la fecha, todavía no se ha podido elaborar un zumo comercial con el sabor del zumo natural recién exprimido? La explicación la tiene una molécula de naturaleza esteroidea (de la familia del colesterol), muy amarga, llamada limonina. Dicha sustancia, que se halla presente en el zumo pero en muy pequeñas concentraciones, se encuentra naturalmente combinada con un azúcar (formando lo que los químicos llaman un glucósido), y de tal forma carece de sabor. Pero, ay, cuando el zumo se calienta con la intención de pasteurizarlo, la unión entre la limonina y el azúcar se rompe -PAK- y entonces el gusto cambia radicalmente, pasando de ser dulce y ligeramente ácido a imprimirle al zumo ese sabor "áspero, amargo y artificial" que en nada se parece al exprimido natural.

9/ El momento para tomarse el zumo es determinante; qué digo, crucial: tiene que ser imperiosamente a primera hora de la mañana, en ayunas, cuando el glucógeno está bajo mínimos. Me explico. El glucógeno es un depósito de azúcar que el cuerpo almacena en el hígado con fines energéticos "inmediatos" (no así el depósito adiposo, que es de liberación lenta y sostenida). Tras un ayuno de 8 horas, tras haber dormido toda la noche, el depósito de glucógeno hepático está medio vacío, y el azúcar que tomemos (en este caso, en forma de zumo) se utilizará prioritariamente para recargar el glucógeno perdido. Pero cosa bien distinta es andar tomando zumo a todas horas, con las comidas o entreactos, porque entonces el glucógeno estará lleno y, ¿que pasa entonces con el azúcar del bebestible? Pues que se convierte en grasa. Ojo al dato, porque toda aquella fructosa que se aporte en exceso (ya cubiertas las necesidades hepáticas de glucógeno) puede originar hígado graso. Asimismo, el zumo de naranja tampoco está indicado en gente obesa porque su metabolismo se encuentra alterado y no procesa bien la insulina, haciendo que los azúcares se conviertan en grasa a las primeras de cambio.

10/ La acidez (sobre todo cuando se combina el zumo con lácteos), el ventoseo o la subida de peso originada por tomar zumo de naranja viene precisamente de tomarlo a destiempo, a deshora, entre comidas o por encima de ellas, ¡¡¡y sin fibra!!! Mal hecho. Por ello, acuérdese: el zumito siempre en ayunas, con el glucógeno hepático bajo (idealmente tras un ayuno de 10 horas, mínimo), o bien después del entrenamiento, tras quemar los azúcares almacenados.

11/ Bébase el zumo lentamente, mezclando cada sorbo con la saliva antes de tragar. Con ello favoreceremos su digestión y la hidrólisis (rotura) de sus componentes. Hecho así, podremos exclamar sin rubor alguno que el zumo de naranja natural, recién exprimido, con su pectina íntegra, e ingerido a primera hora de la mañana, ¡¡¡es el mejor zumo del mundo mundial!!! Ni el de granada, ni el de frutos rojos, ni siquiera el licuado verde de trigo o de col rizada -que ya hay que ser masoquista- supera en potencia antioxidante a la naranja.

12/ Para acabar, pruebe usted a añadirle ¼ de cucharadita de jengibre al último trago de zumo de naranja (los 50 ml. finales). Los gingeroles (principios activos del jengibre y parientes cercanos de la piperina) son unos poderosísimos antioxidantes que "casan" de fábula con los químicos de la naranja, siendo así que el resultado es una bomba antienvejecimiento, anticancerígena, antiinflamatoria y además -alucine- ¡¡¡desodoriza el olor de heces y orina!!! Además, el 6-gingerol actúa como antiinflamatorio bucal y neutraliza las bacterias que causan halitosis. También le digo que, aunque esta mezcla jengibre-naranja sea "muy inglesa" y se lleve utilizando siglos por parte de las tradiciones anglosajonas (muy especialmente a la hora de elaborar confituras), el sabor resultante de la mezcla "tampoco es para tirar cohetes"; aún así, acate el onceavo mandamiento... y a otra cosa, mariposa.

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