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El 78 y la cuestión nacional

    SUELO leer a A. Delgado-Gal porque su opinión en asuntos estéticos y comunes me interesa. Pero su artículo Las cuentas de Feijóo (ABC 4-9-2021) no responde a nada real. Se pregunta si la expresión “pueblos de España” de Feijóo en la carballeda de San Xusto equivale a “nación de naciones” y concluye que no aunque luego continúa como si fuese que sí, y dice algo tan sorprendente como que Fraga tras pretender en Galicia una “imitación desvaída” del País Vasco y Cataluña, alentó “un idioma que nadie hablaba y se podía aprender en un santiamén”.

    El pueblo llano del Santiago de Fraga nunca hablaba en castellano, usual sin embargo entre clases medias. El gallego es más complejo de lo que cree Delgado-Gal, como podrá comprobar en alguna gramática, pero coincido con él en lo que está implícito en sus palabras: la lengua está deteriorada en el habla común y no solo en la de los políticos. Ignoro si Feijóo –como dice– pretende extender sus “pueblos de España” a todo el país. Mi impresión es que no tiene pócimas mágicas para reparar el desaguisado existente más allá de conservar la unidad nacional, y me parece bien que su política hacia Vox pretenda que no se divida el voto, que parece a veces pedirse desde fuera. Concluye que “la fórmula Feijóo no sirve en absoluto para resolver los problemas del régimen del 78”.

    No creo que haya una “fórmula Feijóo” consistente en una mayor regionalización. Ya la hubo. Una carrera enloquecida desde que Clavero por desgracia entendió como privilegio –no tenía por qué haberlo sido, ni el tratamiento de la cuestión regional podía ser el mismo en Andalucía y Cataluña– la reposición de los estatutos aprobados en la República, y desde entonces hasta hubo que inventar un himno para Madrid.

    Muchos que estábamos en 1977 en el PCE éramos partidarios de tal reposición y de actuar en adelante por experiencia, no de que el Estado de partidos declinase sus obligaciones suprimiendo casi por completo la estructura común de pertenencia y afectos como torpemente hizo. La solución no es ofender una tradición. Feijóo no tiene la culpa, tampoco Galicia, que tiene una mayor tradición autonomista propia de la que A.D-G supone y no necesitó imitar lo vasco o catalán, si acaso hubo un apoyo mutuo en épocas más oscuras por una mera cuestión de supervivencia.

    14 sep 2021 / 01:00
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