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Reseña Musical

El “Cuarteto Rosalía”, clausura el “Ciclo Schubert” en el Paraninfo da Universidade

    El ciclo que se había iniciado a mediados de marzo con el “Schwanengesang D. 957” a cargo del barítono Gabriel Alonso acompañado por el pianista Javier López Jorge, y que continuó con la pianista Ilona Timchenko en un par de “Impromtus”, para seguir con otras obras schubertianas hasta la penúltima con un par de tríos, destacando en especial el “D. 929”, alcanza su cometido con otra obra cumbre, el “Cuarteto La Muerte y la doncella”, precedido por el “Movimiento de cuarteto n º 1 D.703”, obras de las que serán intérpretes integrantes de nuestras “RFG”, las violinistas Elina Viksne e Irina Gruia, la viola Natalia Madison y la chelista Barbara Switalska, en el Paraninfo da Universidade-mañana a las 20´30 h.-, a quienes debemos tan gratas veladas en otros ciclos y convocatorias como el certamen de “Novos Talentos Musicais”, que en las dos ediciones recientes no tuvo las programaciones que daban ocasión a jóvenes aspirantes a demostrar sus capacidades y esperanzadores resultados. Tiempo habrá de que puedan recuperarse ilusiones y expectativas, más aún cuando era el propio Paraninfo da Universidade quien les cedía el espacio para compartir actividades.

    Schubert con el “Quartettsatz, en Do m. (Allegro) D. 703” tercera obra inconclusa de finales de 1820, piezas destinadas a un centro docente o a su entorno personal y en el que pasaba por un período de escasa creatividad en su corta vida. Un momento en el que encaraba trabajos como el “Canto de los espíritus sobre las aguas” (Schiller) o la “Cantata Lazarus”, otra labor inconclusa. Una encrucijada en su vida creativa que anima a indagar en este espacio camerístico del cuarteto de cuerdas, en lo que supondrá el duodécimo (sobre quince) y que esta vez se limita a un tiempo de “Allegro assai en Do m.”, además de los tanteos de un segundo “Andante en La b”, que no pasa de algunos compases. Un movimiento que se pretende apasionante, que se confirma con una explosión reveladora de un sentido trágico. Es asombrosa la libertad creadora, tanto en la forma como en el plano tonal. Una libertad igualmente ostensible en la exposición de los dos temas, complementarios en su espíritu. El autor ansía supeditar la gramática de las forma musicales a las exigencias de su expresión, una senda abierta ya por Beethoven en el género del cuarteto de cuerdas. Es posible y llega a aceptarse, que conociese los once primeros de Beethoven. Lo trágico está presente por doquier, desde los primeros compases sobre un susurro angustiado y una confesión subjetiva en la que el yo del autor, invade la música en toda su extensión.

    El “Cuarteto La muerte y la doncella, en Re m. D. 810”, no se interpretará en público hasta dos años después de su muerte, en febrero de 1826, en la residencia de Josef Barth, cantante y amigo y dedicatario del “Op. 11”. Se impone esa tonalidad en menor lo que no tiene nada de sorprendente, en ese uso habitual del mi menor al si menor o el la menor, las acostumbradas de sus obras instrumentales. En los lieder, esa tonalidad en Re menor, acompaña a temas fúnebres (sueño, muerte, cenizas, luna pálida, etc...), con clara evidencia en un ejemplo como el lied “La muerte y la doncella D. 531”. El músico está impregnado por ese clima para la resolución del cuarteto que nos afecta. La presencia del lied será efectiva desde los primeros compases del primer movimiento y engendra la señal rítmica que preside la organización de los cuatro temas de los cuatro movimientos, todos en tonalidades menores. El “Andante “ que repite el tema de “La muerte y la doncella”, no está en la tonalidad del lied y recurre al sol menor subdominante que resulta ser precisamente la tonalidad de otra balada fúnebre, “El rey de los alisos”;y todo ello no es gratuito ya que el recuerdo de la balada pasa repetidamente por el recuerdo del “Cuarteto”, el evidente deseo de unidad que lo anima precisan aún más su voluntad intencionada.

    En cuanto al “Andante con moto”, en Sol menor, queda fortalecido por el coral de “La muerte y la doncella”, un coral nacido en su primera parte de la introducción pianística, y en su tercera parte del acompañamiento que corre bajo la última frase de la muerte en el lied. El primer impulso que sugiere el tema viene tal vez del tema del “Andante” del “Cuarteto en La m.” : la célula inicial provoca su ampliación, estando la Muerte traída por el entreacto de “Rosamunda”, las relaciones rítmicas entre los dos “Andante”, son particularmente sensibles en la segunda y tercera de las variaciones. Variaciones que son un total de cinco, de las que solo la cuarta está en Sol M., explotando la primera elementos dramáticos (pizzicati del chelo, tresillos ajustados de las voces centrales, que enlazan así con el motivo conductor de la Muerte en el primer movimiento). Hacia 1824, Schubert confesaba haber acabado dos cuartetos- este sería uno de ellos, junto al “Cuarteto en La m. D.804”, en dedicatoria a Ignaz Schuppanzig-, a la par que el “Octeto”.

    31 may 2021 / 01:00
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