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El futuro se escribe cada día

    SE atribuye a Plinio el Viejo, historiador y militar romano, el pensamiento de que, en contra de lo que se suele decir, el futuro sí está escrito, se escribe cada día con la serie de actos cotidianos de los políticos, que repercuten en el futuro. Pensaba yo en ello al reflexionar sobre los actuales avatares que acucian a España, desde los efectos de la pandemia y el modo en que está siendo gestionada, la crisis con Marruecos, la ruptura de diálogo entre los llamados partidos constitucionales, el llamado problema catalán y ahora el asunto de los indultos. ¿Qué escribirán de nuestro tiempo los historiadores del futuro cuando, con todos los datos presentes, incluidos los que ahora no conocemos, describan y analicen ese incierto porvenir que como decía el caballero romano estamos escribiendo ahora?

    Pienso con cierta ingenuidad que, ante una crisis de las proporciones de la presente, donde nos acucian problemas por todos los lados, que si el verdadero patriotismo o simplemente el sentido común hubiera anidado en el conjunto de la clase política española, de modo particular en los partidos que se dicen fieles a la Constitución, que hace tiempo que debería haberse fraguado si no ya un pacto de Estado (como lo fueron los de la Moncloa), al menos se podía hacer como han hecho los portugueses, de modo que la oposición expresó su apoyo al ejecutivo en su gestión de la crisis, y el Gobierno atendió también los puntos de vista de aquélla. O el ejemplo de Alemania, donde los partidos contrarios se unieron en interés de la nación cuando la ocasión lo requirió.

    El uso partidario de los problemas y sobre el cruce de acusaciones a veces pintorescas, como achacarse mutuamente la responsabilidad de la crisis con Marruecos y otros episodios, se ha evidenciado con las manifestaciones de la vicepresidenta Carmen Calvo, quien acusó al Gobierno de Rajoy de ser el causante del conflicto con Cataluña por no “adoptar medidas políticas” en lugar de aplicar el 155 (que apoyó el PSOE, que por boca de Pedro Sánchez calificó los hechos que llevaron a la cárcel a los responsables del procès no ya de sedición, sino de rebelión). O sea, que los mismos que aplicaron la Ley y defendieron la Constitución fueron los responsables de la judicialización de un proceso, que ahora va a aliviar el doctor Sánchez con los indultos.

    La pretensión de que, con esta medida, se abrirá un nuevo cauce de diálogo con el Gobierno y las fuerzas separatistas de Cataluña choca con la propia manifestación de los justiciables que no han pedido la gracia, ni se han arrepentido de nada, por entender que ejercieron derechos legítimos de los que siguen siendo poseedores y que volverán a ejercer llegado el caso, porque sus objetivos son los mismos, la república catalana.

    Y desde la propia Generalitat, donde se quiere advertir un nuevo clima, se insistía en que no cabe otra salida, para empezar el diálogo, que la amnistía; es decir, la amnesia de los hechos ocurridos y el borrado total de su existencia, y un referéndum pactado para la independencia. Esa es la hoja de ruta que pondrán sobre la mesa cuando se reanuden las conversaciones.

    Muchos pensamos que sigue vigente lo que dijo Ortega –frente al optimismo de Azaña, luego frustrado, hasta decir que sería más fácil entenderse con Franco que con Companys--, de que “el problema catalán no tiene solución y los españoles todos y los catalanes tendremos que acostumbrarnos a conllevarlo”. Habría que recordar que los catalanes no son los descendientes de los carolingios con ocho apellidos vernáculos, sino todos los españoles con vecindad civil en aquella comunidad (donde algunos hijos de andaluces como Rufián son hoy notables separatistas) y que, como decía el PSOE en su Declaración de Granada sobre el llamado Modelo territorial, “todos los españoles han de ser poseedores de los mismos derechos y trato, con independencia del lugar donde residan”. Cierto.

    Por si faltara algo, el PNV, que va con los de la feria y vuelve con los del mercado (ayudó a derribar a Rajoy días después de aprobar sus presupuestos, es decir, de dar estabilidad a su Gobierno), pese a los beneficios que ha obtenido de Sánchez, acaba de reclamar el desarrollo de un nuevo marco de relación entre Euskadi y el Estado, de igual a igual, incluida la cesión de soberanía. Lo más triste es que los votos de la derecha nacionalista vasca son indispensables, como los de Bildu y Podemos, para que el doctor Sánchez siga estable en la Moncloa, con el respaldo de los 13 votos de Esquerra Republicana de Cataluña, cuyo jefe será el primer beneficiado de ese indulto por la paz.

    O sea, que vamos a asistir a un ensayo político y social. A ver qué sale de ahí. Y ojalá que los escépticos estén errados.

    11 jun 2021 / 01:00
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