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El honor, ese honor

    DESDE el primer capítulo, ‘Your honor’ (Showtime, Movistar), nos introduce en un mundo irrespirable. Ya sé que la serie ha sido considerado irregular e inestable en algunas partes, pero creo que esa es una de sus virtudes. Hay un latido de autenticidad, alejado de la perfección técnica. Para empezar, si cuentas con Bryan Cranston ya tienes mucho. El fulgor inolvidable de la negrísima ‘Breaking Bad’ vuelve a encenderse, llega de nuevo hasta nosotros. Son poderosas referencias, qué duda cabe. Vale que ‘Your honor’ no llega a esa altura, ni a esa oscuridad, pero merodea con aviesa intención los mismos territorios. Y consigue efectos nada desdeñables.

    Cranston parece encantado con esos personajes que, de pronto, por cuestiones de azar, o por lo que sea (por su mala cabeza, también), toman el camino equivocado. No lo parece, en principio: en realidad, parece lo contrario. Si a Walter White Heisenberg le llevó a una carrera vertiginosa hacia territorios inesperados una enfermedad, y la necesidad de reunir dinero, es decir, hallarse en una especie de callejón sin salida, al juez que interpreta Cranston en ‘Your honor’, va a vivir una situación semejante. De alguna forma, aunque en otro contexto, estamos de nuevo ante un personaje que se verá obligado a ‘hacerse malo’ y a convivir con ello. Hasta que esa carrera se convierte en algo habitual, inevitable, en una manera de vivir. El juez Desiato es, en este sentido, alguien muy semejante a Walt White: un giro del destino, una circunstancia inesperada, una mala noticia, le llevará inexorablemente a una forma de corrupción, a un viaje de destrucción. Ese viaje, que tal vez nunca debió comenzar, no puede detenerse una vez que se ha iniciado. Así empieza lo malo, y así la realidad va devorando a sus protagonistas. Desiato, el juez con una vida organizada y reconocible, se ve de la noche a la mañana envuelto en una vorágine de la que no podrá salir.

    Todo se confabula para el mal. Hay muchos guiños que nos muestran que la tormenta está a punto de estallar. Las sombras de la casa, esa tranquilidad algo enfermiza, el juez y su vida, y, al otro lado, la familia mafiosa de Rocco Baxter, de los Baxter, claro es. Adam, el hijo del juez, terminará atropellando a Rocco, que unos minutos antes ha recibido una motocicleta de época de manos de su padre.

    El primer capítulo de ‘Your honor’ nos cuenta cómo germina el mal. Como el destino lo tuerce todo. El atropello del hijo del mafioso local, la huida del lugar del accidente y la llegada a casa, donde Adam contará entre lágrimas a su padre el juez lo que ha pasado, constituye la arquitectura perfecta de todo el camino de destrucción que se avecina. Todo sucede en el Distrito Nueve de Nueva Orleáns, y a fe que el escenario contribuye a esa sensación de infinita desolación.

    ‘Your honor’ nos recuerda, indiscutiblemente, a ‘Breaking Bad’. Es, otra vez, un descenso a los infiernos. Una narración de cómo se desmorona, por algo impensable, en apenas unos segundos, una situación aparentemente muy estable. Ese descenso a los infiernos es el viaje para el gran despliegue actoral de Cranston, una vez más. Incapaz de reconocer el sufrimiento de su hijo, su necesidad de salir de la oscuridad, su apetencia de confesión, el lastre feroz de la culpa que pesa cada vez más. El juez se dirige al territorio salvaje para evitar la destrucción total, mientras el mal, más profundo o más esquemático, se abre camino. No será perfecta, pero no les defraudará.

    01 mar 2021 / 01:00
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