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El mundo de Balbín

    VAYA por delante que no era amiga de José Luis Balbín, aunque sí compañera de profesión. Hemos compartido charlas apasionantes, hablado del oficio, de sus problemas y personajes, hasta la extenuación, como son siempre las charlas entre gente del gremio.

    Escribo estas líneas sin estar influida por el afecto personal, sino llevada por la admiración, el respeto a su trayectoria y a unos principios que desgraciadamente empiezan a ser invisibles en los tiempos actuales.

    Balbín no solo fue el director y presentador de La Clave, un programa mítico en los años de la Transición, un referente del periodismo bien hecho, un programa precursor de las tertulias, aunque costaría mencionar nombres de tertulias que puedan igualarse a las de Balbín.

    Todo tipo de temas podían ser debatidos, tomando como base una película minuciosamente elegida para dar paso al debate. Balbín era el rigor, el trabajo intenso previo a una charla bien llevada. Solo así se entiende que pudiera tener en La Clave a personajes que no aceptaban sentarse ante cualquier interlocutor, cualquier espacio y cualquier público.

    Balbín consiguió que Olof Palme, uno de los políticos más carismáticos de los setenta, hablara de las distintas Europas, la central, la mediterránea, la de los países del norte, como el suyo, Suecia. Consiguió Balbin que Neil Amstrong explicara la aventura espacial y su viaje a la Luna, y que todos los líderes de la Transición se confesaran con él para sus espectadores, sin aceptar vetos ni presiones.

    Balbín entrevistó a Carrillo y Pasionaria, Alfonso Guerra y Ordóñez, pero también el ultraderechista Blas Piñar. Balbín, en La Clave y en otros programas de televisión, y en la radio, y en Pueblo o Interviú, ejerció un periodismo de verdad, con información precisa y contrastada, con invitados del nivel máximo en la cultura y los movimientos sociales. Además de la política, por supuesto.

    Un ictus lo apartó del mundanal ruido hace unos años. Más de una vez, cuando recordamos tiempos pasados, sale el nombre de Balbín. Se echaba de menos su pasión, que en los tiempos no tan lejanos eran parte del ADN del periodismo de bandera. También la información como elemento clave –nunca mejor dicho– para hacer buenos análisis, el afán por conocer la historia de España para conocer mejor el país, y acercarse a los personajes que protagonizan la historia actual.

    Me habría gustado hablar con él en los últimos tiempos, para saber qué opinaba un periodista de raza sobre la superficialidad con la que se tratan hoy ciertos temas, con algunos comportamientos –no todos, afortunadamente– que consideran que en Google está todo y no vale la pena ir más allá, indagar más, hablar con los protagonistas de una noticia o con expertos que pueden ampliarla.

    La muerte de José Luis Balbín ha conmocionado al mundo del periodismo. Un mundo con el ánimo de luto, porque se ha ido uno de los grandes. Aunque a muchos jóvenes su nombre apenas les dice nada.

    24 jun 2022 / 01:00
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