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¿Está la Democracia en peligro?

    AUNQUE parezca difícil de creer, en todo el mundo las democracias se debilitan y las dictaduras aumentan. Según la Universidad de Gotemburgo, el 70% de la población mundial, unos 5.400 millones de personas, viven en una dictadura. Una década antes el porcentaje era del 49%. Las cifras más altas de democratización global fueron las de 2012, con 42 democracias liberales, dato que cayó en 2021 hasta las 34. Esto supone que sólo el 13% de la población mundial tiene una democracia con un Gobierno electo, regido por un Estado de derecho y donde se respetan los derechos humanos.

    En este marco, resulta interesante abordar el interrogante de por qué la democracia pierde impulso desde la segunda parte del siglo XX, a pesar de que se ha demostrado que los beneficios económicos que produce en términos de mayor bienestar colectivo, son irrefutables. Así, las naciones democráticas son, en promedio, más ricas, disfrutan de un ingreso per cápita mayor y su PIB es siete veces superior al de las que tienen regímenes autocráticos.

    Según el filósofo Jason F. Brennan, una primera respuesta la encontramos en la existencia de un buen número de votantes encuadrados en la categoría de hooligans. Aquellos que acuden a votar cegados por la devoción a los colores, cargados de odio a los contrarios y de apoyo incondicional a sus líderes. La actuación de estos sujetos en términos de no respetar más que su propia ideología, acaba minando las frágiles bases sobre las que se asienta nuestro sistema democrático.

    Tampoco están exentos de responsabilidad los gobiernos que primando los impulsos frente al juicio objetivo y sosegado, son capaces por ejemplo de indultar a condenados por la justicia, sólo para reforzar un determinado discurso ideológico. O también cuando se permite que la opinión pública condene a personas sin garantías legales por vía de la mera acusación.

    Partiendo de este diagnóstico, que la democracia sea sostenible y con legitimidad, pasa por que sus principios y valores sean el mejor instrumento para afrontar la incertidumbre y la inseguridad que provocan esos fenómenos descritos. De esto se vale la política outsiders de populistas reaccionarios y nacionalistas ultras, partidos sin alma, ni debate, ni cuestionamiento interno, ni construcción democrática de sus propuestas, para polarizar la sociedad.

    Avanzar en ese camino supone necesariamente, respetar la separación de poderes, ensanchar la participación ciudadana, tener una fiscalidad más progresiva, combatir las desigualdades y la precariedad, la elección (según criterios que garanticen su independencia e imparcialidad) de los miembros de los órganos constitucionales, proseguir con la regeneración institucional y luchar contra la corrupción.

    24 jun 2022 / 01:00
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