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Greta

Hoy nos sumergiremos de lleno en ese fenómeno tan atractivo y tan emocionante como es el de los seudónimos. Vamos a intentar analizar una novela de alguien que usa uno y que nos describe varios mundos paralelos que están rebosantes de dos conceptos cruciales: arte y crimen. Si los citamos a los dos en conjunto, no podremos dejar de pensar en una circunstancia histórica que los unió indefectiblemente: el horror nazi, con el subsiguiente expolio al patrimonio particular del pueblo judío y la serie de subastas organizado por aquella horda asesina. En la novela que tratamos, adivinaremos un ejemplo de tales subastas en la que protagonizó el cuadro Las novias de Gustav Klimt, teóricamente destruido por un incendio en el castillo de Immendorf y probablemente vendido en Lucerna. También, que si sumamos crimen a la creatividad en su grado máximo, nos vendrá a la cabeza la insigne obra poética de François Villon. ¿Puede un criminal confeso ser uno de los poetas más grandes de todos los tiempos? Pues va a ser que sí. Permitiéndose el lujo, además, de escribir tranquilamente su mejor obra mientras esperaba su ejecución en la horca... Pero les ruego que piensen en un auténtico fenómeno actual, que mezcla seudónimo y arte mayor. En alguien llamado Banksy. Comprobarán que aún se puede crear desde el anonimato asombrando al Mundo...

Una autora arriesgada. La semana pasada aparecía en los anaqueles de las librerías la novela de que tratamos. Ha sido publicada por Planeta, se llama La dama y la muerte y viene firmada por una tal Greta Alonso. No es su primera obra. Hace un par de años ya había aparecido otra suya que titulaba El cielo de tus días. Tanto aquella como esta participan del género negro. Del thriller. El escenario es, en principio, muy semejante. Aquella anterior se movía entre Bilbao y Cantabria. Esta amplía su acción a Madrid (el Museo Nacional del Prado), Londres (la casa Sotheby’s), Biarritz (una galería menor, pero muy influyente) o París (Hôtel Drouot). La acción es demoledora y ciertamente escalofriante, comenzando por el asesinato de un famoso jugador de fútbol retirado de los campos en los últimos tiempos. El pulso que demuestra la autora es notabilísimo, y a mí, personalmente, me ha recordado a una cántabra (más exactamente gallego/santanderina) ilustre como lo es María Oruña, que, aparte de todo, suele situar sus tramas allí. Las argucias y trucos de que se vale para mantener atento al lector, son formidables. Alguien que fomenta su fama exigiendo que sus piezas sólo las vea el destinatario, que firma como Van Eyck y las titula como Rothko (numerándolas). Y que son un peligro de muerte...

23 ene 2023 / 01:00
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