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Reseña Musical

“I Puritani” de Bellini, abre la Programación Lírica de “Amigos de la Ópera de A Coruña”

    Una programación en la que se incluirán una obra del verismo como “Pagliacci”, de Lencavallo, un barroco menos común, por el Haendel de “Partenope”, a cargo de William Christie, un monólogo con ilustraciones musicales procedentes de “La Tribuna”, de Gabriel Bussi, “El Reflejo”, además de las necesarias galas líricas. Para comenzar, “I Puritani”, de V.Bellini, en el Teatro Colón-20´00 h.-, en la que nos faltarán cantantes a los que tuvimos en citas de años anteriores. En el cuadro de solistas, la soprano Nadine Sierra-“Elvira”-; Xabier Anduaga, al que tuvimos en la Gala Lírica del año pasado-“Lord Arturo Taibo”-; el barítono Gerardo Bullón, quien participó en el “Don Giovanni”, en la producción de Carlos Saura-“Sir Riccardo Fort”; el bajo Luiz- Ottavio Faria, también un habitual en importantes roles- “Sir Giorgio Valton”-; el tenor gallego Alejando Baliñas, en su estreno como “Lord Gualtiero” y la mezzo Nicole Brandolino, como “Enricchetta”. Enrique Alberto Martínez, se apunta al papel de “Sir Bruno Robertson”.

    Todos bajo la dirección de Giacomo Sagripanti, con la “OSG” batuta afecto al siempre apreciado Alberto Zedda, quien confió en él para el comienzo de la temporada del prestigioso “Rossini Opera Festival” de Pésaro, en un par de ocasiones, destacando un “Moisë” rossiniano, en una producción de Pier Luigi Pizzi, consiguiendo un “Int. Opera Awards”. Cumplirá de nuevo el “Coro Gaos”, de Fernando Briones.

    Bellini parisino, en lo que debía a Rossini, quien le ayudó para el estreno de “I Puritani” en el Théatre Italien, como había hecho en otras de sus óperas, entonces a lo grande gracias al protagonismo de divos consagrados: Giulia Grisi, Rubini, Antonio Tamburini o Luigi Lablanche, con inmensa aceptación, aunque a la postre optase por revisiones posteriores. Se vivían serios problemas en cuanto a los roles de voces masculinas, lo que obligaba a fijarse con mayor confianza en las damas, de larga tradición por el alarde de coloraturas decoradas hasta lo sublime, auspiciadas en las pujantes “arias de locura”- carnaza de delirio en “I Puritani”-, adaptadas a las nacientes óperas románticas.

    El músico habrá de confiarse para el libreto, al conde C.Peppoli, quien se remitirá al drama “Têtes rondes et Cavaliers” de F.Ancelot y Boniface Saintine, y en parte, a W. Scott, en “Old Mortality”. En conjunto y en lo musical, la serie de los personajes, resultará más pasiva que activa, sobre resultados en los que los aspectos cantables, logrará apoyar con sonidos suaves, los pesantes “stacatti” de las tensiones dramáticas. Dejan una impresión de dejarse concentrar en una reflexión de las vivencias que les abruman. Para ello, el aria, elemento articulador, conseguirá resumir una cualidad natural y expresiva. Se inclinará por un talante melancólico claramente elegíaco distante de las herencias tratadas en las arias napolitanas. El “arioso”, recreará los caprichos de los cantantes a la moda, en esa propuesta adquirida por puro oficio, de rehuir, de los esquematismos escénicos.

    Modélicos y de ello quedará prueba en este reconocimiento belliniano, el estímulo embriagador de los “duetti”, en lo que afortunadamente, la melodía sabe dialogar directamente consigo misma en esa escalada de su madurez, para tan corta vida creativa, el “recitativo” no estará al margen, ya que se transfigurará en melodioso, relegando al coro a un mero ejercicio de sombra equidistante y obligando a la propia orquesta al arropamiento de sonoridades de apoyatura, ya que no debe reclamar una presencia de mayor peso. Es verdad que la generalidad de los roles, vivieron a expensas de los cantantes. ¿Algo tendría que ver la relación afectiva que entonces mantenía con Chopin, en cuanto a esa insistencia en el cuidado del melodismo expresivo? Una ópera que vadeando lo trágico y delirante en un casi continuo, concluye con un forzado final feliz. Una partitura digamos que por su extrañeza, en esa mezcla dramática, se consuma con un fervor y una fluidez que hacia las delicias de los entregados aficionados, con las lágrimas a flor de piel.

    Momentos estelares como mantenido por “Riccardo” y “Bruno” entre la cavatina “Ah” per sempre io te perdei” y la caballetta “Bel sogno beato”. “Elvira”, quedará consagrada por la abundaría arrebatadora de arias y dúos, a partir del angustiante cara a cara con “Giorgio Valton”, “Sai com, arde in petto mio”, el delirio que cierra el primer acto, enfrentada al coro “Oh! Vieni al tempio”; la estremecedora pasión de quien reafirma otro de los delirios en la cavatina por excelencia “Ah, sin son vergin vezzosa”, con la cabaletta “A illegiadrid la prova”, además de la Scena “Rendetemi la speme”, culminado l vuelta a la cordura en “”Ah! Sento, Oh! mio bell´angelo”. “Arturo”, pondrá su dedicatoria sentida en la arrebatada “A té, o cara”, para dar pie al dúo confidencial con “Enrichetta”, ”Figlia a Enrico; no parlar de lei che adoro”. “Giorgio Valton”, redime a “Elvira”, en el aria apreciada de “Cinta di fiori”, mientras se prepara el encuentro de tronío con “Riccardo “, en “Suoini la tromba”.

    04 sep 2021 / 01:00
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