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“Ilusións Mâyâ”, de Octavio Vázquez y la “Sinfonía Fantástica”, de Berlioz, con la”RFG”

    Llegada a buen puerto en la temporada de la “RFG”, con obra en encargo y estreno, de Octavio Vázquez, “Ilusión Mâyâ” (Magia o ilusión, en sanscrito), del tríptico “Sattva”, en un programa que incluye la “Sinfonía Fantástica (Episodie de la vie d´un artiste)”, en el Auditorio de Galicia-20´30 h.-, y la sesión previa de “Conversando con...19´45”, en la que estarán el director Paul Daniel y el compositor de la obra, para repetir mañana en el Teatro Afundación, de Vigo-20´00 h-. Octavio tuvo obras en encargo de la propia orquesta, como fueron “Hermes”; “Tropos”, para violín y orquesta, con Amaury Coeytaux, en una jornada que ofrecía la versión escénica de “La voz humana”, de F.Poulenc, en la que colaboraría el “CDG” o “Viuvas de vivos e mortos”, en un compromiso con Cristina Pato”, composición incorporada al reciente registro de la “RFG” “Atlantic Waters”, en el que se eligieron también obras de Fernando Buide, Juan Durán y Eduardo Soutullo.

    Su etapa de estudios en el Peabody Conservatory, de la John Hopkins Baltimore, fue decisiva en so formación, tras sus estudios en Galicia y el espacio de la composición, vendrá de inmediato, también como director de la United Moravian Church. So obra “Memento”, fue galardonada con el Premio Andrés Gaos de la Diputación de A Coruña, en 1998. Sus preferencias notorias en el espacio contemporáneo, se reafirmaron gracias a su relación con directores como Rossen Milanov, Dima Slobodeniouk, Carlos Kalmar, Paolo Bortolameolli y Andrew Grams, y solistas como Dmtri Berlinsky o Hillary Hahn, además de dinamizar el “Guernika Project”. Octavio Vázquez, emprenderá viaje a los Estados Unidos para presentar en Washington, el día 22, el “Quinteto con piano, con el “American String Quartet”, en las Candlelight Concert Society Series,obra estrenada en el Festival de Aspen, tras realizar giras repartidas entre la Manhattan School Society y el Music Festival (Falls Village). Repondrá su obra “Migrant”, síntesis de las culturas que conformaron tradiciones ibéricas, obra para violín y cuerdas, ofrecida entre otras de Daniil Trifonov y K.Szymanowski.

    La “Sinfonía Fantástica (Episodie de la vie d´un artiste) Op. 14 “, de Héctor Berlioz, ocupó un largo período de preparación antes de completarse en 1830, convirtiéndose e favorita de la grandes orquestas, emplazando en sus recursos a los avances que no se harían esperar. En medio, la pasión por Harrieth Smithson y las obsesiones por Shakespeare, Goethe o Moore y hasta el propio Beethoven, que conllevarán a este trabajo en cinco movimientos, en un magistral golpe de planteamientos, por su genio dramático acentuado por la determinante “idée fixé”, que se manifiesta a lo largo de sus tiempos. Una idea de anhelo infinito por la amada ignota que se observa en la inspiración literaria de Chateaubriand. Idea de una amada deformada y demoníaca queda cuerpo a este “Episodie de la vie d´un artiste”, quizás como título más comprensible. La “Rêverie-Passions”, primer tiempo, al igual que sus oberturas de concierto, se plantea con una sección lenta en preparación a un “Allegro”, y que recordará a una tonada infantil, acentuada por detalles misteriosos de los cornos y arpegios de violines. La “idée fixé”, se reparte entre violines y flautas, en las que el autor vuela libremente camino de un trayecto descendente hacia una serie de acordes íntimos, que confirman la posibilidad de un agregado en su revisión. El arrebato de las pasiones, significan al poeta profundamente afectado por su estado emocional.

    Un “Bal” como segundo tiempo, recrea atmósferas típicas de salón, acunada por las arpas, que despliegan arpegios en la preparación de una especie de vals, en medio de un estremecimiento misterioso que conduce a la visión de la amada, con ese fondo sonoro, de imaginario aire festivo y que valdrá a modo de “scherzo” irreal, arropado por la contundente “idée fixé”. Un tiempo para que las arpas, se concedan el necesario dominio de un prevalente protagonismo.

    La “Scène aux champs”, tempo lento, recurre a los adornos de una flauta pastoril (corno inglés), con eco distante en el oboe, cual instrumento en diálogo, antes de que la orquesta se despliegue gradualmente en ritmos subdivididos, hacia contratemas que florecientes que llegarán a una densa cadencia. Un conjunto de apariciones de los instrumentos graves, redundan en la pujanza de la “Idée fixé”, a cargo de flauta y oboe, en octavas, camino de una tensión explosiva remarcada por la irrupción de los timbales, en preparación de un pasaje calmo, mientras la floresta amaina. Una tormenta que había sido preparaba por un gran “tutti”, y que en su desvanecimiento, dejará espacio para una respuesta de maderas que nos trasladan al reposo.

    La “Marche au suplice”, resulta una siniestra y atrevida sucesión de bronces estridentes y cromáticos, en medio de una profusa cascada de trombones y variada percusión, ajustada con precisión. Un tiempo que procedía de una “Marche des gardes”, en la revisión de “Les Francs-Juges”, de 1929, en una adaptación para esta obra que se transfigurará de manera acentuada por la omnipresente “idée fixé”, enunciada por el clarinete. Delira el amante con una situación en la que asiste a la condena de la amante, en un estado obsesivo y vertiginoso, con un destacado segundo tema que resulta una fanfarria de metales y maderas, en “tutti”. Volvemos a aquella idea recurrente, de una ópera inacabada, en un movimiento destinado a dejar al oyente con el alma en vilo, tras un breve silencio marcado por tres “pizzicati”, de las cuerdas, con un largo acorde de toda la orquesta, tiempo que se repitió en la presentación de la sinfonía.

    “Songe d´une nuite de Sabbath”, para culminar y que expone de forma controlada su material, en medio de una forma de convulsiones y ruidos aparentemente extraños, una “idée fixé”, con ritmo y colores deformados, en una danza a la que da argumentos un burlón clarinete, para llegar al “Dies Irae”, abordado por cuatro fagotes contrapuestos a las campanas que responden, cediendo a una ronda especie de danza vigorosa, que confirma la inquietante mezcla del “Diez Irae”, con sorprendentes ultraterrenas sonoridades. Siempre y para dejar el trayecto en su punto justo, la redundancia sin concesiones de una intención paródica, preparada por la insistencia de una posible danza casi trivial y grotesca, que no salva el sentimiento previsible en el “Dies Irae”, en lo que queda como una sinfonía desenfrenada. Los procedimientos formales y convencionales, desaparecen en la ardiente profusión de ideas que casi siempre tienen un origen difícil de enunciar, motivado por la diversidad y fertilidad del tratamiento rítmico, mucho más avanzado que todo lo que el autor había compuesto hasta ese momento, en lo relativo al virtuosismo orquestal.

    19 may 2022 / 01:00
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