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Juana

Algo extraño y terrible pasa en estos curiosos días en que vivimos. “Cuando el jurado y los verdugos se eligen a sí mismos...” (frase pronunciada por Hércules Poirot en Asesinato en el Orient Express). Dicho así, casi parece cosa del pasado, pero lo cierto es que es actual, totalmente presente de forma ineludible. Sobre todo a partir del pasado 6 de enero, cuando una chusma instigada por ese curioso personaje llamado Donald Trump soliviantó a sus seguidores para que asaltaran el Capitolio de los Estados Unidos de América, con el fin de que sabotearan el nombramiento de Biden para substituirlo. Ese día lo cambió todo. La multitud, enfervorecida, se envalentonó, comenzando una cadena de selfies que preconizarían, a juicio de los conjurados, una absolución total por cualquier acción irregular. Ese día, como decimos, mutó el papel de las redes sociales. La web Faces of the Riot inculpó a todos los presentes en el asalto. Pocos pensaron entonces que la bravuconada de gentuza como la ultraderechista DLive les estaba entregando, directamente, a la Justicia. Rencor, venganza, viejas cuentas pendientes, todo acumulado, suelen servir en distintos lugares para antiguas vendettas. Ha pasado en enero en USA. Y ha pasado en Belfast en tiempos inmemoriales. Y, por supuesto, ha pasado, y además durante décadas, en Euskadi. Hoy hablaremos de esto...

LOS AUSENTES. Juana Cortés acaba de publicar en Espasa un libro excepcional y muy curioso. Se llama Los ausentes, y en él se sigue la línea, por ejemplo, de Patria, de Aramburu, para analizar la violencia en Euskadi. La trama trascurre en 2007, pero tiene la virtud de ser casi un arquetipo, y además de rabiosa actualidad. No nos olvidemos de que los frutos de la simiente de Aguirre, perpetuados luego por Txillardegui, han llegado hasta ahora mismo con la misma fuerza del momento bautismal. Pero, a diferencia de las tesis de Patria, aquí hay alguien que se decide, como diría el bueno de Poirot, a contestar a la presión de ETA con un cambio de papel. Sí: alguien se erige en jurado y verdugo. Pero es una persona a quien han convertido en protovíctima. Algo muy parecido en el mecanismo interno de la acción a lo que describía no hace mucho Santiago Díaz en su formidable Talión. No quiero, en modo alguno, hacer spoiler. Entre otras cosas, porque destrozaría buena parte del enorme encanto del desarrollo de la narración, y aquí las sorpresas son mayúsculas. Pero les contaré que, en esencia, Leire, la mujer de Bixen Alzola, secuestrado por la banda armada, decide intentar salvarle la vida, o, en su lugar, vengarlo drásticamente, a lo bestia. Muy grande. Realmente impresionante...

01 mar 2021 / 01:00
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