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Reseña Musical

Judith Jáuregui y el “Cosmos Quartet”: “IV Festival Bal y Gay”

    Dos primeras actuaciones en el IV Festival Bal y Gay”, comenzando por la pianista Judith Jáuregui, en la Basílica de San Martiño de Foz- 19´30 h.-, que ofrecerá la “Sonata n 4, Op. 7” de Beethoven y la “Wanderer Fantasie” (Fantasia del caminante) Op, 760”, de Schubert. Judith fue alumna de Vadim Suchakov, en Munich, y con carrera consolida, ha colaborado con artistas en el espacio camerístico como el “Signum Quartet”, el “Quartet Gerhardt”, el quinteto de vientos “Azar Ensemble” o la chelista Nadège Rochat. Asidua de festivales internacionales, realizó su primer registro “Die romantiche Seele”, para “Ars Produktion”, con obras de los Schumann, Clara y Robert, valorado por la revista “Audio Klasik”, por su afinidad con esa música, galardonada con el Premio de Música Independiente. En su agenda, destacan igualmente Liszt, Chopin, M. de Falla, F.Mompou, I.Albéniz, Szymanowski y A. Skriabin. Su álbum “Pour le tombeau de Claude Debussy”, con “Ars Produktion”, grabado en directo en Viena, mereció los Premios Opus Klassics 2020, en esa categoría de registro en vivo.

    La Sonata nº 4, op. 7”, de Beethoven, pensada en un principio para el pianista austríaco Wölfi, quedará destinada para su alumna la condesa Anna Luise Klegevic von Buzin, apodada “Babette”, y será P. Rattalino quien aprecie que la sonata representa un aspecto de su personalidad, injustamente dejado en la sombra. Resulta más fácil observar su personalidad en los aspectos patéticos y trágicos o también en los aspectos humorísticos y jocosos. Los cuatro tiempos son de una radiante belleza. El “Allegro molto e con brio” destaca por su exuberancia temática fuera de lo común (entre las numerosas delicias, no debe pasarse por alto la pequeña melodía que anida en ella, con su amable sabor vienés) , mientras que el tercero, un “Minué”, con trío- si bien carente de indicación-convence por su apasionamiento poco común, a la altura en opinión de Rattalino, de un “movimiento musical” o de un “Imporomtu” de Schubert. El “Rondó: Poco Allegretto e Grazioso”, resulta una página leve e ingenua que anula, con sus encantos primaverales de la sonoridad, los acentos “stürmisch”, de los que había hecho acopio la sonata en el transcurso de la narración. Es sobre todo, el “Largo central”, el que gana el favor entre los conocedores, siendo considerado uno de los más lentos en su producción.

    La “Wanderer- Fantasía en Do m.D. 760”, de Schubert, obra de gran virtuosismo, que pone al intérprete en una situación de alto riesgo, el propio Liszt había mostrado interés por ella, hasta realizar una de sus típicas transcripciones para piano y orquesta, por la fascinación que la embargaba. Cuatro partes encadenadas que se corresponden “grosso modo”, con los de la sonata tradicional, nacidas de las cuatro transformaciones de un único tema. En esencia, una anticipación de los principios elementales del poema sinfónico, planteado por Liszt o de la “Sonata en Si m.”, del húngaro. Destaca la evolución estilística que la convierte después de una pausa de tres años en el terreno de la sonata, en una actividad furiosa y rica en altibajos de obras incompletas, en obra que dará frutos con el resultado de las más grandes en este género. Obra de 1822, es resultado de un encargo de un rico mecenas vienés, alumno de Hummel, Emmanuel von Liebenberg, muy identificado con el espíritu de la obra (los pasajes brillantes, recuerdan a veces a Hummel) y el tema raíz de la obra, procede del lied “Der Wanderer” (El viajero), compuesto sobre una un poema de Schmidt von Lübeck.

    Para el sábado día 15, en la Igrexa de San Salvador, Vilanova de Lourenza- 18´00h.-, turno para el “”Cosmos Quartet”, que forman Helena Satué y Bernat Prat Sabater- violines-, la viola Lara Fernández Ponce y el chelista Oriol Prat Sabater. Tuvieron como maestros a Rainer Schmidt, Oliver Wille, Hatto Beyerle, J. Meissl, Alfred Brendel, Jonathan Brown y Krysztof Chorzelski. Recibieron el Premio del Concurso “Foundation Comp. 2018” y los de Weimar y Copenhague, además del de Heidelberg, concedido por John Gilhooly, director del Wigmore Hall. Fueron seleccionados por el pianista Igor Levit, para un concierto en Weimar. Recibieron invitaciones del “Streichquartet tfest”, de Heidelberg, del “Pau Casals”, y de los certámenes punteros del ámbito mediterráneo. Compartieron iniciativas con el “Cuarteto Casals” y son residentes del Palau de la Música, en donde trabajan obras de Anton Webern, R.Schumann y J.Brahms. Su primer trabajo lo presentaron con la firma “Seed”, con obras de J.Haydn, J.Brahms y Raquel García-Tomás. Se manejan con instrumentos del lutier David Bagué.

    Del propio Brahms, ofrecerán el “Cuarteto de cuerdas Op. 51 nº1, en La m”, perteneciente al grupo de obras dedicadas a su amigo Theodor Billroth, un ilustre cirujano vienés, al tiempo de pianista, violinista y violista, al que donará el manuscrito de los dos cuartetos, cuya primera ejecución se hizo en el otoño de 1873. En el espacio camerístico, estos cuartetos materializan una forma definitiva y lograda de fusión de ideas, música y forma- sonata y variación- que desde entonces marcarán las cimas de su creación. Tras el romanticismo del “Op. 40”, se revela la conquista de la posición de equilibrio. U n primer cuarteto en el que encontramos una soberbia paleta de maravillosos colores y tintas más variadas, además del sobrio abatimiento en los lances de la pasión, que nos traslada a una “coda” de enervante energía. Destaca en especial la “Romanza (Poco Adagio)”, cargada de recuerdos personales que consiguen sobrecogernos. La noticia del nacimiento de estos cuartetos, aparece en el diario de Clara Schumann.

    Schubert vendrá por el “Quinteto de cuerdas D. 956, en Do M.”, surgido tras la “Gran Sinfonía en Do M.” y a falta de manuscrito perdido, es imposible precisar el momento exacto en el que lo escribió. Según sus indicaciones a sus editores, el “Quinteto” se empezó en el verano y se terminó en septiembre, de 1828, poco después de los “Heine-Lieder”. Conserva de la sinfonía la tonalidad de Do M., y en el plano de la arquitectura, debe muchos de los elementos a la sinfonía: el clima del comienzo del “Primer movimiento”, en el “Quinteto”, corresponde al “Andante “ inicial de la sinfonía; el episodio central del “Adagio” del Quinteto”, corresponde a los episodios intermedios del “Andante con moto” sinfónico; como en la sinfonía, no adopta el marco de la forma –sonata hasta el final. En cuanto al privilegio concedido al violonchelo, confirma la predilección de Schubert, ya evidente desde el “Cuarteto en Sol D. 887” y confirmada en los “Tríos D. 889 y D. 929”, precisamente por el instrumento y sus posibilidades líricas.

    14 may 2021 / 01:00
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