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La España desatendida

    MEJOR desatendida que vacía, centenares de miles de españoles de diferentes provincias, probablemente millones, viven en pueblos vacíos o en los que solo residen mayores que han visto marchar a sus hijos y nietos.

    El encuentro que mantuvieron en Santiago ocho presidentes de gobiernos autonómicos del PSOE y del PP, compartieron una posición muy parecida, en algunos aspectos coincidente, con la exigencia al Gobierno central de que en la financiación autonómica tuvieran en cuenta circunstancias que son fundamentales para crear una España mejor: que los gobiernos regionales reciban el coste de los servicios sociales que no asume el Gobierno central aunque le correspondería hacerlo, entre ellos los relacionados con una pandemia.

    Quieren por ejemplo que se tenga en cuenta que hay regiones con población envejecida, o dispersa, con dificultades para trasladarse a centros sanitarios y educativos.

    Por supuesto que hay pueblo vacíos que necesitan medidas para superar el aislamiento y también para emprender negocios con los que ganarse la vida, pero el problema más acuciante es el de provincias enteras que solo entran en los circuitos de los políticos cuando recorren toda España en campaña electoral.

    Producto de esa España desatendida es Tomás Guitarte, cuyo voto como diputado de Teruel Existe ha sido clave en algunas de las votaciones que el Gobierno consiguió sacar adelante. Con Guitarte Teruel existió, y el Teruel desatendido empezó a recibir ayudas por las que clamaba desde tiempos inmemoriales. No puede extrañar que ciudadanos de otras provincias olvidadas por los gobernantes hayan decidido seguir su ejemplo.

    Los partidos analizan los sondeos con avaricia, suman los escaños que les adjudican y los de los contrarios, hacen cábalas sobre si llegan o no al Gobierno... y no advierten que el próximo Congreso de los Diputados va a ser distinto a todos los conocidos hasta ahora.

    Entrarán diputados con votos muy valiosos, unos de izquierdas, otros de derechas y algunos incluso de centro. Y los habrá que, sin ser nacionalistas sino que simplemente pretenden conseguir beneficios para los ciudadanos de su provincia o su ciudad, pondrán la letra N en sus siglas a la vista de las ventajas económicas y políticas de sacar bandera nacionalista.

    El juego de ver quién acierta más sobre cómo se plantea el futuro no tiene sentido. El bipartidismo quedó atrás hace años, y desgraciadamente no ha sido para bien; la España actual no es ni de lejos mejor que la España que gobernaban PSOE y PP con políticos que cuando llegaron a Moncloa al menos tenían nociones sobre qué significaba gobernar.

    Con los partidos extremistas surgidos los últimos años, más la transformación del nacionalismo catalán conservador convertido en independentista, más la media docena de partidos –o más– que empiezan a organizarse en torno a un proyecto provincial, no hay cábalas que valgan.

    España será un país cada vez más desordenado, y más individualista por culpa de gobernantes que solo atendían a los que aportaban más votos al Parlamento.

    25 nov 2021 / 01:00
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