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Reseña Musical

“La forza del destino”, de G.Verdi: “LXX Festival de Amigos de la Ópera”, en el Teatro Colón

    Gala operística en versión de concierto que propone el “LXX Festival de Amigos de la Ópera de A Coruña”, en el Teatro Colón-mañana a las 20´00.-, con la “Forza del destino” de Giuseppe Verdi, cuyo estreno nos lleva a San Petersburgo, el 10 de noviembre de 1862, antes de que el autor revise el libreto con la ayuda A.Ghislanzoni con destino a Milán en febrero de 1869, una reforma en profundidad que eliminará partes demasiado extensas como la muerte de “Don Álvaro” al final, eliminado la sobrecarga de detalles turbios y realzando la obertura que no se encontraba en la versión original, gracias al aliciente y la suerte de los “leitmotiv”, con el tema del destino como elemento de reclamo. Verdi y Piave, su fiel libretista, quien supo afinar los argumentos tomados del drama convulso “Don Álvaro o la fuerza del destino” de Duque de Rivas y escenas del “Wallenstein Lager” de F. Schiller, habían trabajado sobre la obra en un momento que poco se diferenciaba de las vivencias de sus primeros años. Piave estaba en Milán, trabajando como director de escena con Merelli y Verdi permanecía en su retiro en Busseto y en Sant´Agata, bufando contra el Teatro alla Scala.

    Verdi en San Petersburgo, en una comunicación mantenida con Ricordi, que se ampliará con la de su editor ruso, preparaba la publicación de una selección de piezas, sugiriendo algunos números como la romanza de la soprano en el primer acto; la “ballata” del barítono, en el segundo; los pareados de “Preciosilla”, en la escena del campamento; el “duettino”, entre el tenor y el barítono después de la batalla y el “Rataplán”. Entretanto, envió noticias del ensayo general, que había resultado plenamente satisfactorio con el teatro lleno y un elenco de artistas de exquisita voz, todo lo cual le hacía ser muy optimista para la “première”, pues contaba con Tamberlinck, en el rol de “Don Álvaro”, Carolina Barbot, como “Leonor” quien ya había triunfado en “Un ballo in “Maschera”; Gian Francesco Angelini, un joven bajo, como “Pater Guardiano”, el barítono-bajo napolitano Achille De Bassini, como “Fra Melitone”; su amigo Ignazio Marini, veterano “Oberto” en La Scala, como “Alcalde”; Nantier- Didée, como “Preciosilla” y el italiano Signor Meo, como ”Machese di Calatrava”.

    Cuatro intensas horas en una función que había comenzado a las siete y media de la tarde y que pareció satisfacerle, gracias a los decorados y vestuario opulentos que le llevará a confesar a Escudier: “Hemos hecho tres representaciones con el teatro siempre lleno y con gran éxito”, observación que ampliará la Strepponi. La ópera había contado con la asistencia de la Zarina, en la cuarta representación, acompañada por el Zar, quienes le obsequiarán con la Orden Imperial y Real de San Estanislao, imponiéndole la Cruz. Segunda consideración tras la recibida de la Orden de San Maurizio, concedida por el gobierno italiano. Verdi, mientras trabajaba a destajo en “La forza del destino”, se gratificaba por los consejos de Piave para las sugerencias para el “Rataplán”, pidiendo que le trajeran un arpa de piano para su Pleyel, pero rechazó la oferta de su colega quien le ofreció una colección de “canciones españolas” que le habían prestado: “No traigas las canciones; devuélvelas a quien te las ha dejado. No tengo por costumbre estudiar música, de ahí que no tenga una sola partitura en casa ni busque a nadie para prestármelas.”

    Un Verdi que aborda una escritura más densa y personal, superando dependencias del pasado que como queda dicho, se reafirma en la propia “Obertura”, siguiendo en las arias las ideas de “Un ballo in maschera”, subidas de tono y talante trágico, definidas por un melodismo contagioso que se reafirma en los pasajes corales como punto de apoyo y contraste, destacando en su acentuación los dúos florecientes e impactantes, con una pizca de humorismo en detalles sencillos y sin trascendencia. Ciertamente, busca poner coto a los belcantismos enervantes, todavía en plena vigencia y en esa disputa, se entremezclan con mediana claridad los “ariosi”, la importancia del “recitativo” y el “aria”, en sus dominios expresivos. Una búsqueda devenida por la urgencia de cincelar la personalidad psicológica de los protagonistas, en medio de ambientaciones posiblemente sórdidas auspiciadas por un complejo libreto que contribuye a la confusión de la propia trama.

    “La forza del destino” estará dirigida por Giuseppe Finzi al frente de la “OSG” y su coro, formado en el Conservatorio Verdi de Milán y en la Acc. Chigiana de Siena, para seguir en la del Teatro alla Scala, contando con una importante experiencia en la Ópera de San Francisco, en donde fue artista en residencia (2011/5) tras dejar credenciales con “La Bohème” y optar a clásicos verdianos-“Rigoletto” o “La Traviata”-; entre otras óperas como “Carmen”, en la Deutsche Oper; “Rigoletto”, en Teatro Massimo, de Palermo; “Lo Schiaccionicci”, en el San Carlo napolitano”; Turandot”, en Bergenz o “Il Barbiere di Siviglia” y “L´elisir d´amore”, en el Liceu, de Barcelona.

    Para el cuadro de solistas, destacan la soprano Angela Meade, en el rol de “Leonora”, notable en exigencias de agilidad y recursos de sobrada agilidad, a la que conocemos por su colaboración en una gala con la”OSG”, dirigida por Kamal Khan, desde belcantismos hasta un detalle de esta ópera “Pace, pace mio Dio”. Una dramática apreciada por un centro carnoso y un grave consistente, a la que también seguimos como “Elisabeth de Valois”, de ”Don Carlo”. El tenor Alejando Roy, será ”Don Álvaro”, en las cumbres de un spinto con garantías, al que escuchamos hace un par de temporadas en una gala lírica compartida con Sondra Radvanovsky, Carlos Álvarez y Simón Orfila y que se presentó como “Calaf” de “Turandot”, en el “Met” neoyorquino.. El barítono Borja Quiza, valor de garantías de la casa, será “Don Carlos”, para entregarse al personaje oscuro en ese descarnado enfrentamiento. Quiza se fue convirtiendo cita a cita y en distintos certámenes, en un valor imprescindible.

    Casi similar al de Luiz Ottavio-Faria, esta vez como el “Padre Guardiano”, rol de trapío y casi despótico para el bajo consistente al que nos acostumbramos como en “Attila”, de Verdi, junto a Ekaterina Metlova “Odabella” J.J. Rodríguez “Ezio”, dirigidos por Keri- Lynn Wilson. También y de nuestro entorno profesional, Gabriel Alonso, en el rol del “Cirujano”; Alejando Baliñas, en el papel del “Marques de Calatrava”, otro episodio para arropar esta ópera de continuados recovecos; Luis Cansino, en “Fra Melitone”, tintes bufos y esquivos con un gracejo contradictorio; Mónica Redondo, una “Curra”, en voz de soprano, y claramente secundario al que secunda en parecidos condicionantes la “Preziosilla” de Ginger Costa-Jackson, cantinera coqueta entre la tropa de relleno, completando Moisés Marín, “Trabucco”, el vendedor de baratijas inapreciables , un tenor al que volveremos a escuchar en “Norma” de Bellini, crecido de pertrechos como “Pollione”.

    02 sep 2022 / 01:00
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