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La guerra del fútbol

    NOS pasamos el día hablando de las guerras de la política, de la batalla de Madrid, que algunos saludan con dosis de morbo, pero ahora, por si no teníamos ya mucho ambiente de lucha en el barro o en la moqueta, llega la guerra del fútbol. Esta es capaz de oscurecer cualquier otra batalla.

    Más y más guerra. Más y más confrontación, el signo de este tiempo inclemente y vulgar. Pero la del fútbol va a poder con todo. Mientras escribo esto, anuncian que Florentino Pérez, ya saben, el presidente del Real Madrid, estará en ‘El Chiringuito’, el lugar donde se despachan de madrugada todos los encontronazos del fútbol con una dosis de surrealismo bastante notable.

    Supongo que habrá sido así. Y reconozco que se trata de un buen logro periodístico, qué duda cabe, pues no me parece que Florentino se haya caracterizado por una presencia excesiva en los medios, salvo esa asistencia simbólica de los palcos, donde suele contestar alguna pregunta. Si ha ido de madrugada a ‘El Chiringuito’, o sea, será porque esto de la Superliga va muy en serio.

    La noticia ha ido creciendo, pero impactó ayer con la fuerza de un meteorito. Crees que el fútbol es un espectáculo muy productivo (al menos para la elite), en el que todo está previsto y controlado, pero de pronto descubres que no es exactamente así. Según algunos programas de la tarde, que se vieron sacudidos por este terremoto futbolero, esta es una batalla anunciada y se librará sobre todo por dinero. Lo cual, claro, no puede sorprender a nadie.

    A pesar de todo el impacto mediático (hasta se ha hablado menos de las elecciones de Madrid, donde el morbo también corre), nadie sabe exactamente muy bien de qué va la movida. Supongo que Florentino habrá estado didáctico en la noche. La idea general es que los clubes más ricos, o al menos algunos de ellos, han decidido dar un golpe en la mesa y reinventar la competición continental, hasta ahora conocida como la Champions League. Mientras la UEFA, máxima autoridad, remodelaba esta misma competición, quince clubes hacían pública su alianza para ir por libre, en una liga paneuropea pero limitada, una especie de territorio privado en el que sólo cinco invitados podrían descender, porque los quince fundadores permanecerían en ella para siempre: algo parecido a lo que pasa en la NBA.

    La Superliga, al parecer, tiene que ver con el intento de algunos grandes clubes de controlar y gestionar por sus propios medios el espectáculo que generan (masivo, global y muy productivo). Escucho que la idea viene de lejos, quizás porque, según las cuentas, los ingresos de los clubes de esta Superliga podrían ser muy superiores a los actuales. En fin: suena a una especie de rebelión de las elites.

    Las ligas nacionales seguirían, claro, y los clubes compatibilizarían todas las competiciones. Pero muchos alicientes, como clasificarse para la Champions, desaparecerían, al menos para los equipos más selectos: ya estarían en la Superliga. ¿Y qué decir de la ilusión de los clubes menores por lograr un día el milagro de medirse a los gigantes?

    Si el fútbol es mucho más un espectáculo que un deporte (a esos niveles), ahora la apuesta por el show mediático global sería, ya, definitiva. La UEFA cree que todo se desvirtuaría y anuncia sanciones ejemplares. Lo ha hecho con tanta urgencia que refleja una gran sensación de alarma. Pero me temo que el dinero suele ser tenaz cuando toma una dirección. Parece que el fútbol se apunta a la confrontación: será por seguir la moda de este tiempo.

    20 abr 2021 / 01:00
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