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Reseña Musical

La mezzo Sophie Koch: “Poème de l´amour et de la mer Op. 19”, de Chausson, con la “OSG”

    La mezzo Sophie Koch, interpretará el “Poème de l´amour et de la mer Op. 19” de Ernest Chauson en el Coliseum de A Coruña-20´00 h.-, bajo la dirección del vallisoletano Roberto González Monjas, en un programa que incluye la “Sinfonía nº 1, en Fa m. Op. 10”, de Dmtri Shostakovich. Sophie Koch tuvo como maestra a Jane Barbie en el Conservatoire National Superieur de París, y fue Christa Ludwig quien la ayudó a decidirse tras escucharla. En su carrera cuenta con roles como “Rosina”, “Venus” de “Tannhauser”, el “Compositor” de “Ariadne auf Naxos”, “Octavian” de “Rosenkavalier”, “Charlotte”, de “Werther”, o los principales del repertorio mozartiano. En el ámbito de obras como la que nos ofrece, destaca la Cantate d´Herminie”, de H. Berlioz o “Shéhérezade” de M.Ravel.. Recibió galardones como el Premio del Concurso Internacional “Vocal´s Hertogenbach” o el “Christel-Goltz” de la Ópera de Dresde. Un trabajo a destacar es la interpretación de “Alceste” de C.W. Gluck, con Marc Minkowski, junto a Yann Beuron y Roberto Alagna. Su presentación en el”Met” neoyorquino la hizo en 2014, como “Charlotte” de “Werther”. Esa relación de roles, además de su aparición en los principales teatros del ámbito internacional, desde el Covent Garden, a la Semper Oper Dresde o la Opéra de la Bastille, han pasado a registro discográfico.

    Roberto González Monjas, firmó con la orquesta Mussikkollegium de Winterthur (Suiza), como titular, tras haber ejercido como concertino durante siete años, cargo en el que sucede a Thomas Zehetmair. Tuvo una etapa importante en la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y grabó para el sello “Claves” un registro con obras de Carl P.E.Bach. Se formó como músico en Salzburgo con Igor Ozim y tuvo también como maestros importantes en la Guildhall Scholl of Music and Drama de Londres, a John Corigliano, Ana Chumachenko, Reiner Schmidt, Reinhardt Goebel o Leonidas Kavakos. Es director asociado de la Dalassinfonietta de Suecia, y director artístico de la Iberacamy deMedellin, de Colombia.

    Ernest Chausson muestra en el conjunto de sus melodías una cuidada delicadeza, casi siempre escritas en tono menor, obras como “Colibri”, “La lune blanche”, “Cantique à l´epouse” pero muy especialmente esta delicia que es “Le poème de l´amour et de la mer Op. 19”, para voz y orquesta, un trabajo al que podrán encontrarse afinidades con otras aportaciones schumannianas. Una obra que ocupará sus atenciones entre 1882 y 1890 y que mantendrá pendiente de conclusión mientras aborda su ópera “Arthus”. En principio, compuesta para voz con acompañamiento de piano, acabará recibiendo la orquestación que conocerá el estreno en Bruselas en febrero de 1893 y en París en la “SNM”, dos meses después. Quizás, en un principio, pudo seguir los modelos de Berlioz, Saint Saëns, Duparc o de Wagner. Mahler no estará tan lejano como pionero en este estilo de sinfonismo en el que la voz merece el protagonismo necesario.

    La obra está dedicada a Duparc, quien en compensación, le responderá con su homenaje “Phidylé” y críticos respetables, la relacionarán con el poema sinfónico “Léonor” de Duparc. Una tristeza sin amargura, redundará en una ensoñación que remite a una dulce resignación. El flujo y reflujo marino, se destaca por las breves frases musicales en sus variadas secciones. Un envolvente balanceo de olas dentro de un incesante diálogo sonoro. También Debussy supo valorar la composición por su tratamiento musical por su ritmo vital y especialmente por esa actitud que se da en calificar como “élan vital”, enlazada por el magnífico “Interludio” central, cara a la consecución del climax preciso. En esencia, un vasto díptico, ciclo de seis melodías de seis poemas, separadas cada tres mélodies por el “interludio”. Las tres primeras provienen de “La fleur des eaux” y las siguientes de “La morte de l´amour”, de Bouchor, del grupo de sus 94 poemas.

    Dmtri Shostakovich con la “Sinfonía nº 1, en Fa m. op. 10”, de la que bueno será seguir el análisis somero de Krztstof Meyer, obra que en su entusiasta estreno dirigido por Malko, se vio acompañada por “Consejo oriental”, de Yossif Schillinger y la cantara “Los doce” de Yulia Weisberg, ambas con fría acogida, lo que redundó en el éxito de la sinfonía, obra que relevaba claramente la excepcionalidad de su talento y el dominio de la técnica. Obviamente acusaba influencias. En los movimientos primero y cuarto, descubría la influencia de clásicos rusos, la de Scriabin, en la sección inicial y final del movimiento lento y la de Prokofiev, en el tema principal del “Scherzo”. No obstante, tales influencias no llegan a ocultar la asombrosa homogeneidad del estilo ni la extraordinaria originalidad de la instrumentación. La poderosa originalidad que se manifiesta sobre todo en el ámbito de la melodía, de la armonía tonal y modal distorsionada y en la amplia variedad de la expresión, que se extiende desde el humor específico y grotesco del “Scherzo”, al desbordante lirismo del movimiento “Lento”.

    El “Primer movimiento” parte de la sonata clásica con tres temas, siendo el tercero similar a un vals contrastante, marcado por un ritmo de marcha. En el desarrollo el sonido se amplifica progresivamente desde los instrumentos de cuerda tratados de forma solista hasta un “tutti” dramático de cortas proporciones. Esos contrastes, determinan la expresión del mismo. El “Scherzo”, destaca en mayor medida sus ideas planteadas en un esquema tripartito y que muestra un humor caprichoso y grotesco. También la aparición del piano contribuye a esa línea melódica original por su modalidad y por el cromatismo de la orquestación, reflejando gran inventiva en la orquestación. El “Lento”, se caracteriza por su lirismo y su construcción sostenida por largas frases y una forma melódica que Shostakovich desarrollará plenamente sobre todo en años sucesivos. Hacia el episodio central, aparece el motivo de seis notas descendentes que serán fundamentales en el “Finale”, que se introduce con un tema caprichoso y virtuoso a cargo del clarinete que recuerda al primer movimiento. El juego de protagonismos orquestales, tras un episodio final, se presenta un “tutti” patético tras el que aparece una coda inesperada, rápida y plena de vida y de optimismo.

    30 abr 2021 / 01:00
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