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Las intenciones de Díaz

    AL fin ha enseñado sus cartas. Yolanda Díaz demuestra, una vez más, que la palabra lealtad no es la que mejor la define.

    Lo sabe bien Xosé Manuel Beiras, y lo saben ahora Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Con el primero marcó distancias una vez que ya no necesitó su ayuda para hacerse un nombre en la política gallega, y marca distancias ahora con sus valedores nacionales.

    Con su gran amigo Pablo Iglesias, que la hizo ministra y la señaló como la candidata de Podemos para la presidencia del Gobierno, y con Pedro Sánchez, que la ascendió a vicepresidenta cuando no estaba obligado a hacerlo. Seguro que Podemos no rompería la coalición si no la colocaba al mismo nivel que Iglesias, que abandonó el Gobierno porque le dio la gana y por tanto no estaba para exigencias.

    Yolanda ya apuntaba maneras en los últimos meses. Desdén hacia la dirección de Podemos –Belarra y Montero–, maniobras para montar una plataforma de izquierdas al margen de Podemos y del PSOE, posiciones públicas contrarias a iniciativas del Gobierno que vicepresidía ... etcétera largo, desbordado por las nuevas declaraciones en las que deja claro que aspira a ser presidenta de Gobierno.

    Si para ello necesita alejarse de un Podemos que va de capa caída, y de un Pedro Sánchez al que pretende sustituir, pues lo hace. Hasta el punto de calificar al PSOE como un partido que representa “una esquinita” en el escenario político de la izquierda. Ella aspira a más.

    Hasta ahora ha tenido un éxito regular en su acercamiento a los partidos que ha tocado, pues ha encontrado entusiasmo en algunas de sus caras femeninas –Colau, Mónica García, Mónica Oltra– pero no ha sumado sus siglas. No le preocupa, no son partidos regionales lo que busca Yolanda Díaz, sino el PSOE. El PSOE más que Podemos, que no da más de sí. Lo que quiere es captar a los votantes del PSOE hartos de las mentiras, las demagogias y las componendas de Sánchez con independentistas y Bildu. Yolanda quiere ser presidenta de Gobierno pescando en las aguas del PSOE.

    Se saca ahora de la manga una historia de hace casi dos años que le viene al pelo: tres semanas antes de la polémica manifestación del 8-M que el Gobierno no anuló a pesar de que el covid ya estaba en puertas –manifestación que aceleró el proceso de contagios–, ella reunió a su equipo, preguntó y buscó datos, y envió a sus compañeros de Ejecutivo la recomendación de cancelar la manifestación.

    Lo cuenta ahora para presentarse como adalid de la política responsable frente a sus irresponsables compañeros. Coloca bajo las patas de los caballos a los dos hombres, Sánchez e Iglesias, que la convirtieron en lo que hoy es. Viva la lealtad.

    Ya está muy visto lo de intentar alcanzar objetivos buscando el momento propicio para desprestigiar a quienes pueden poner trabas. A eso se llama oportunismo.

    04 dic 2021 / 01:00
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