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Las prisas de Díaz Ayuso

    LOS principales partidos, PSOE y PP, cuentan con una serie de militantes históricos, amortizados o despechados que se sienten los guardianes de las esencias cuyas manifestaciones, se supone que bienintencionadas y en favor de sus partidos, son verdaderos torpedos a la línea de flotación de las posiciones estratégicas de las direcciones en las que tratan de influir, pero que sirven de munición gratuita al otro partido que la recibe con alborozo, porque si algo no soportan los ciudadanos es que los partidos se dediquen a mirarse el ombligo y a pasar más tiempo en debates internos que a mirar por los intereses generales.

    Los dirigentes socialistas están más acostumbrados a lidiar con esas voces de los versos sueltos y con barones autonómicos críticos, mientras que el monolitismo era más propio del PP. Sin embargo, la caída electoral del PP y el proceso de recuperación en el que se halla inmerso ha favorecido que le surjan los pepito grillo en cuestiones que la dirección de Génova quisiera que fueran por otros derroteros. Las declaraciones coincidentes y seguidas de la exportavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, y de la expresidenta madrileña, Esperanza Aguirre, en favor de que sea la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, quien presida también la organización regional altera los planes de Pablo Casado que, a pesar de su amistad con Ayuso, la quiere tener controlada y sin que asuma demasiado poder, después de que tras la victoria del 4 de mayo haya cogido vuelo y se sienta fuerte y hasta se deslice desde su entorno que pudiera plantearle la disputa del liderazgo del partido, una posibilidad con pocos visos de prosperar porque todos los barones están dispuestos a darle otra oportunidad a Casado, y más ahora que el viento de las encuestas sopla de cola, y porque no todos comparten la forma de actuar de Ayuso.

    La presidenta madrileña tiene mucha prisa por ser también la baronesa de la organización regional, porque el tiempo puede jugar en su contra y comenzar a apagarse su estela ascendente si se convocan elecciones autonómicas anticipadas en Andalucía y Castilla y León, una posibilidad cada vez menos alejada, en la que un triunfo del PP diluiría el efecto exclusivo del 4-M que ha impulsado su desafío cuando todavía no tocaba, según los planes de la dirección popular, para tener que compartirlo con Juan Manuel Moreno o Alberto Fernández Mañueco, lo que permitiría a los niñatos y chiquilicuatres de Génova, en definición de Esperanza Aguirre, volver a trabajar en una lista conjunta de Ayuso y el alcalde madrileño José Luis Martínez Almeida o en la tercera vía de Ana Camins.

    Con una declaración extemporánea, por la cercanía de la Convención Nacional del PP, ha sido el propio Pablo Casado quien ha agitado el avispero y ha evidenciado unas discrepancias que se encontraban larvadas al hablar de que en Madrid conviven “dos políticos muy potentes” que tendrán mucho peso en el próximo PP madrileño. Una lista única sería un agravio para Díaz Ayuso, que se vería una vez más tutelada, como ocurrió cuando el PP le hizo la mitad de su primer Gobierno en el que todavía permanecen los vigilantes que del partido.

    14 sep 2021 / 01:00
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