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martes, 13 abril 2021
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Lo atípico

    CADA tiempo tiene sus características y estos días de la pasada Semana Santa han sido, sencillamente, atípicos. Al margen de lo que es la vivencia religiosa, que también resultó diferente, el ir y venir de todos ha sido distinto. Hemos visto las calles, los parajes naturales más conocidos, los espacios rurales, en general, con gentes que iban de un lado a otro y todas, o casi todas, eran, éramos, de Galicia.

    Como si esta tierra nuestra, que es lugar de llegada de los más variados pueblos del mundo, sobre todo en un Año Jubilar Compostelano, dejase de prestar esa encomiable labor. La pandemia lo explica sobradamente y, en este contexto, la esperanza de tiempos mejores hay que avivarla diariamente.

    En contrapartida, si algo de positivo tuvo lo que está sucediendo, es que los gallegos hemos hecho turismo interior, con lo que ello supone de puesta en valor de lo inmediato. Que alguien de Ribadeo vaya a Tui, y viceversa, nos lleva no solo a que se movilicen recursos económicos –algo muy conveniente tras tantos meses de práctica inacción– sino también a que se amplíen nuestras miras sobre lo que somos como pueblo.

    Y es que nadie está sobrado de andaduras por nuestros parajes y ha de reconocerse, por lo demás, lo que nuestra sociedad aporta en tan variados ámbitos que van desde la capacidad de recepción de cada lugar hasta su aportación al mundo del patrimonio cultural, entre otros.

    Tener un mejor conocimiento de lo cercano resulta imprescindible en la construcción mental –individual y colectiva–, que ha de ser renovada cada día, de nuestra identidad, de nuestra autoestima. Dicho esto, ojalá que, muy pronto, recibamos a toda esa población foránea que, lógicamente, echamos en falta. Porque Galicia es, también, tierra de acogida y hospitalaria.

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