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domingo, 03 julio 2022
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Más allá de la barbarie solo está la sinrazón

MÁS allá de la barbarie ya solo está la
sinrazón. La locura. El odio. La brutalidad más despiadada y sin embargo de la que solo es capaz el ser humano. Ni siquiera las bestias, los animales son capaces. Bombardear un hospital infantil. Sólo eso ya resume y condensa el estado de enajenación y perversidad de quién or-dena semejante objetivo. Y no, no estaba vacío o desocupado. Y tampoco es un montaje o como se ha tratado de divul-gar que era falso y que podía ser propio fuego ucraniano. La banalidad del mal vuelve a estar presente, también con sus patrañas y mentiras.

Esta guerra tan ilegal como amoral, ilegítima e injusta y sumamente cruel se está cebando con los civiles. Miedo, pavor, pánico, desesperación es la táctica sobre la población civil. Condenada a la indefensión. Condenada a toda penuria y penalidad, sin agua, sin luz, sin calefacción, sin alimentos, asediados física y mentalmente, día y noche. Nublando toda razón y todo pensamiento de esperanza. Solo pánico y temor.

Es la guerra de la impotencia, de la pasividad, de ser rehenes frente a lo inmediato, al miedo de que se desate con cualquier actividad o actuación europea o de la OTAN un conflicto de una envergadura sin límite y donde las fronteras del sentido común y la prudencia han reventado por todas sus costuras.

No se puede contemperar con el cinismo ni con la mentira. No se puede claudicar ante el bravucón que desola y asola un país sin justificación de ningún tipo y asesina, sí, asesina sin piedad a población civil. No hay mayor crimen contra el género humano, desgraciadamente tantas veces repetido en el aquí y el ahora en no pocos países y gobiernos, además de terrorismos. Esta vez sí, es Europa, y parece que duelen más esas víctimas.

Millones de personas abocadas a la penuria, al hambre, a la incertidumbre más simple y humana a la vez, ignorar si mañana seguirán vivos. Si toda esta orgía de sangre y vómito de fuego se detendrá y cuándo lo hará. Entre tanto el país está siendo arrasado, devastado. Inmisericordemente. Y sin embargo, resiste con una fortaleza hercúlea que solo los débiles sienten y atesoran cuando les une una causa, un por qué legítimo, la defensa de su libertad. Sí, libertad. Dignidad y justicia. La misma que exigirán al Gobierno ruso y sus generales en esta implacable y feroz guerra.

En la retina quedan Grozni, Nagorno Karabaj, Osetia, Abjasia, Georgia, Crimea. No lo quisimos ver y jugamos a ser amigo o socio del dictador sabiendo que se pisotean los derechos humanos y las libertades, aunque no es el único socio en hacerlo. Más al este pasa lo mismo, pero la diplomacia de intereses económicos puede derribar cualquier muro de ética o viendo de ebúrnea escrupolosidad.

Si el bombardeo de Mariúpol nos sobrecogió, dantesco, apocalíptico, no lo es menos esa zanja lineal hasta el infinito más finito de la miseria moral del ser humano donde se han arrojado sacos y sacos de muertos civiles.

A la impunidad del asesino le sigue ahora la frialdad de una tierra que acoge a sus hijos embalsamados de inocente muerte. Porque esos civiles han sido y están siendo masacrados, cercados, humillados, arrojados de sus casas, hogares, vidas, historias, familias. Hoy el mal está ahí en esos campos de batalla que algunos se empeñaron en crear y avivar sin saber que, con ello, también su final está más cercano.

La historia no les absolverá. De eso saben mucho los totalitarismos, todos, sean de derecha o de izquierda. Terribles imágenes. Dantesca realidad.

15 mar 2022 / 01:00
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