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Miguel Barnet: Cuba, albores del siglo XX

En 1902 Cuba se convierte en República independiente bajo la presidencia de Tomás Estrada Palma, cuya primera visita oficial en la capital habanera lo lleva al poderoso Centro Gallego de la misma. La presencia durante algunos años de un Gobernador norteamericano marcó una tutela vigilada por Estados Unidos que fue útil y próspera, modernizadora, pero que no solucionó una etapa política y socialmente convulsa, agitada por graves problemas sociales, políticos y económicos que acabaron en ocasiones en la caída de varios presidentes y enfrentamientos civiles armados en los que la intervención USA era ostensible mientras los grandes hoteles y la vida nocturna, el turismo, las tensiones raciales, y la problemática de los negros, la violencia civil y el crimen político convivían con un oscuro submundo de delincuencia y negocios, de fiestas donde el erotismo, las drogas, el baile y la música, vinculados a la corrupción política, daban tono a la vida de la isla, plena de discriminaciones y marginación.

La cadena de sucesos bélicos revolucionarios triunfó definitivamente con los “barbudos” de Sierra Maestra que, con Fidel y el Che a la cabeza, acabaron con la dictadura de Fulgencio Batista y entraron en La Habana en 1959. Diez años después, en 1969, el novelista Miguel Barnet publica La canción de Rachel, segunda pieza de la tetralogía habanera ( de la que Gallego (1983) fue acaso la más exitosa) y que Libros del Asteroide reedita en 2011 con Presentación del gran Italo Calvino, habanero de nacimiento.

‘Canción de Rachel’ inserta, con acierto narrativo y modernidad técnica, la radiografía biográfica de una espectacular artista cubana (rumbera y guarachera, actriz y bailarina), mito popular de la noche en el teatro Alhambra: mujer que luchó por su vida y su éxito y dejó junto a la reconstrucción de su carrera artística, una veraz y penetrante – auténtica pues – panorámica que es reflejo y crónica de las tres primeras décadas (1900 – 1930) de la vida habanera y cubana: el reflejo individual de la protagonista y el plural o colectivo representado por el pueblo en su caracterización identitaria, en su cotidiano vivir, en sus modos de expresarse y relacionarse, en su apasionado vitalismo... son los dos flancos de la amena y hondamente humana historia que en constante movimiento y a través de un coro de voces (no siempre de fácil identificación) le va llegando al lector.

Novela coral, sin duda, y por tanto perspectivística, con caracterizaciones diversas y hasta contradictorias tanto de la protagonista como de personajes, escenarios, sucesos de ámbito familiar e individual, opiniones sobre cuestiones trascendentes o superficiales: La canción de Rachel, con esa figura tan cubana de mujer a la que Barnet insufla vida y pasión, éxito y fracaso, voluntad férrea y desafío libertario contra las limitaciones de todo tipo que pesaban en una sociedad que podía ser permisiva, pero que era maledicente y farisaica, clasista y discriminatoria. En fin, todos los puntos de vista aquí sumados reflejan un vivir de bullicio y bullanga, muy de puertas afuera; pura “gozadera” pero no ajena al miedo, a la conflictividad, a las tensiones y los dramas. En palabras de una Rachel soñadora que no se esconde al enfrentamiento con la realidad de su país: “La política nos ha abrumado; estamos condenados a la sangre; este es un pueblo abatido, con fondo trágico, pero con carácter alegre”. Visión que tiene mucho de premonitoria en esta notable novela.

12 ago 2022 / 01:00
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