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Reseña Musical

“Mozartiana”, con Joana Carneiro al frente de la “RFG”

    Concierto con un par de puntos de apoyo en W.A.Mozart en dos de sus óperas, a cargo de la “RFG” dirigida por la directora invitada Joana Carneiro en el Auditorio de Galicia-20´30 (Mañana Auditorio de Ferrol, a la misma hora--, una vez que a ella la esperábamos para la cita de temporada el pasado 18 de febrero, con obras de Debussy, Tchaikovski, por la “Sinfonía pequeña Rusia” y un compositor al que parece sentirse próxima, John Adams, que esta vez también repite. Para entonces, “The Chairman dances”, una pieza procedente de su ópera “Nixon in China”, y que el propio compositor quiso titular “Foxtrot for orquestra”. Una curiosidad entre tantas, para quien recibió el premio “Fronteras del conocimiento BBVA”. Un Mozart en doble entrega. El de “Le Nozze di Figaro” (Las Bodas de Fígaro), en su obertura, que para Stefan Kunze, “El Fígaro” de Mozart comienza con la obertura. Esta constatación es menos trivial de lo que parece, pues tratándose de la ópera bufa italiana está fácticamente justificada, la sinfonía inicial forma parte de la representación teatral, pero no una obra concreta.

    No existe una relación forzosa entre la sinfonía y la acción posterior de la comedia. En principio la sinfonía es discrecional e intercambiable, con tal únicamente de que se adapte al género. La relación interna entre la obertura de “Fígaro” y lo que viene a continuación no es ciertamente de tal naturaleza que la obertura anticipe musicalmente los momentos principales de la acción o que se una a la primera escena. La obertura de “Fígaro” no solo ofrece una pieza de música autónoma, sino que a diferencia de las oberturas de “Idomeneo” y de “Don Giovanni”, concluye decididamente. Ahora bien, solo el hecho de revelarse como obra de aspiraciones supremas y de fisonomía inconfundible aviva la esperanza de que a continuación sucederá algo extraordinario e inaudito. Lo importante se trasciende a sí mismo. Para Otto Jhan, es un retrato musicalmente autónomo del subtítulo de la obra de Beaumarchais: “La folle journée”. Hermann Abert, defenderá la tesis de que se trata del desencadenamiento de un impulso alegre e indómito, de un gozo existencial que no cabe imaginar más arrebatador.

    Páginas instrumentales de “Idomeneo, Rey de Creta K. 366”, destinada a Salzburgo cuando el autor tenía 25 años, aunque su estreno se llevó a cabo en el Nuevo Teatro de la Corte, de Munich, el 29 de enero de 1791. Una “Chaconne”, un “Pasacaille” y un “pas seul”. Condicionado por la ópera seria en sus reglas tradicionales, aportará el compositor algunas importantes innovaciones que ayudarán a renovar el género y también en las aspectos dramatúrgicos, transformando los recitativos acompañados en verdadero diálogo vocal-instrumental, enriqueciendo el plantel orquestal sobre la base de una larga experiencia procedente de la escuela de “Mannheim”, de tal forma y manera que a menudo los elementos más importantes quedan confiados a la orquesta, confiando a los instrumentos de viento una importancia extraordinaria. Mozart logró con este planteamiento, revestir a un texto insignificante de una música inagotable en cuanto a invención y expresión luminosa, rica y exuberante. Para especialistas agudos, supo madurar la idea según el modelo francés.

    Abundarán los homenajes laudatorios como el de Saint- Foix, quien comentará que es una partitura única, la más enciclopédica, en lo que suponía el ámbito de la música de su época. Otro entusiasta admirador de esta ópera seria, Paumgarner, resaltará la propia obertura, en un solo movimiento, como una página grandiosa y patética, de corte muy personal y ceñido; tras del habitual comienzo festivo, sentimos la presencia dominadora del elemento dramático, el romperse de las olas contra las costas cretenses y, hacia el final de la pieza, el aplacarse del mar en un mágico silencio.

    P.I. Tchaikovski con la “Suite nº 4, en Sol M. Op. 64 (Mozartiana)”, muy a tono con el programa y un apartado destacado del autor que para la posteridad dejó cuatro obras dentro de la forma de la suite, en la que buscaba argumentos originales. Cada una de las suites, dejará resultados claramente distintos. Esta conoció su estreno en Moscú el 14 de diciembre de 1887, bajo su propia dirección, un ejemplo de su profunda admiración por el salzburgués y que ya tenía en mente desde hacía años, perfilando los primeros esbozos en su retiro en Borjom, en el Cáucaso, para concluir el trabajo en Aix-la Chapelle. Coincidió curiosamente con el centenario del estreno de “Las Bodas de Fígaro” y supone un entusiasta homenaje en esa evocación del pasado. “Giga” y “Minuetto”, partiendo del teclado; “Preghiera” (El “Ave Verum”, para coro)), procedente de la transcripción para piano de Liszt; “Tema y variación”, que nos traslada a Gluck Was der drummer Pöbel meint”, de la ópera “Los peregrinos de la Meca”. Un ejercicio que pretende la mayor fidelidad en lo musical.

    Astor Piazzolla con buen cartel en tiempos recientes, en concreto por las “Estaciones porteñas” que se ofrecieron en distintas programaciones. El Piazzolla de los años con sus formaciones camerísticas, en concreto con los quintetos que dejaron óptimos resultados. El Piazzolla de “Adiós Nonino”, dedicada a su padre fallecido en un accidente desafortunado, Esta vez, con la universal “Oblivion”, una de sus perlas engrandecidas por el tratamiento como canción, gracias a su colega Horacio Ferrer, autor del libreto de su operita “María de Buenos Aires”. También “Adiós Nonino” contó con letra de Eladia Blázquez, una voz apreciada entre los aficionados al tango. John Adams, otra vez, en un encaprichamiento de su pieza “La Mufa”, que orquestará en el año 1995 y que tendrá su estreno con Gidon Kremer, y la ”Deutsches Kammer Philharmonie Bremen”

    11 mar 2021 / 01:00
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