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No son méritos del Gobierno

    NO es justo que Pedro Sánchez trate de adjudicarse méritos que no le corresponden. Y no me refiero a esa mala costumbre que tiene de presumir del ritmo de vacunación en España frente a la covid-19, cuando todos sabemos que el éxito se lo debemos a las comunidades autónomas y a los profesionales sanitarios. Incluso la adquisición y distribución de las vacunas ha sido una tarea negociada y coordinada por la Comisión Europea. Pero hoy me parece más grave que desde diversos departamentos del Estado se alardee de la bajada del paro en noviembre, como si fuese obra de la gestión del Ejecutivo, cuando es obvio que el mérito debemos imputárselo a nuestros infatigables empresarios, y a nuestros valientes emprendedores.

    Nadia Calviño hablaba el jueves de la importancia de los ERTE, iniciativa que, según ella, habían liderado desde el Gobierno, pero todos conocemos que fue la reforma laboral de 2012 de Rajoy la que los facilitó en España, y que el mecanismo comunitario SURE, activado por la Comisión Europea en septiembre de 2020 (con el visto bueno de Alemania), provisionó fondos para costear no sólo los ERTE, sino también otros planes europeos similares. Su propio nombre lo indica; SURE: Temporary Support to Mitigate Unemployment Risks in Emergency (“apoyo temporal para mitigar los riesgos de desempleo en una emergencia”).

    Por su parte, Yolanda Díaz presume de la reducción del desempleo durante los nueve meses de su gestión, como si en ello no tuviese nada que ver la lógica recuperación del empleo tras la pandemia. Dijo: “hemos reducido el paro”; dando a entender que era obra del Gobierno, y no de esos empresarios a los que tanto desprecian. Son sus meses de reducción; el esfuerzo de las CC.AA. parece que en nada ha influido, como tampoco el de la patronal. Aun celebrando los 74.381 parados menos de noviembre, las 3.182.683 personas que siguen en paro merecen todo el compromiso y la dedicación de un Gobierno que debe ser más respetuoso hasta cuando habla de contratación laboral.

    Presume la vicepresidenta; y dice que “alcanzamos” los dos millones de contratos, algunos temporales, pero “principalmente estables”. De nuevo semeja que ha sido cosa de su Ministerio, y no de la inercia de la reforma laboral vigente, ni de los pequeños y medianos empresarios. Nada, ni una mención a los patronos.

    Pues muy mal; el mérito hay que reconocérselo a esa patronal a la que tanto odian nuestros ministros, y que no engloba sólo a ese reducidísimo grupo de poderosos empresarios, sino más bien, y en su mayoría, a quienes regentan negocios familiares y continúan contratando a trabajadores pese a estar asfixiados por la subida de la luz; maltratados por los impuestos; y abatidos por el encarecimiento del gas y el petróleo, la escasez de materias primas, y la inflación.

    04 dic 2021 / 01:00
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