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Normalidades anormales

    CONFLUYEN en estos días tres asuntos que en su día transcurrían con una cierta normalidad, porque los comportamientos privados de Juan Carlos I no se conocían o se ocultaban; porque las relaciones con Marruecos transcurrían con los altibajos propios de las relaciones de unos vecinos que a ratos se levaban bien y a ratos mal; y porque se había resuelto por la vía de los hechos el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Los tres asuntos entraron en barrena de dos años a esta parte y ahora se trata de que vuelvan a transitar unos caminos de cierta naturalidad.

    La ley del aborto de 2010 cambió los supuestos por los plazos, pero desde los debates de 1985 y el desarrollo posterior de la ley, la sociedad española admitió la nueva situación con normalidad sin dejar de reconocer las consecuencias personales para quien tiene que interrumpir un embarazo por las causas que las impulsen.

    La ley Aído fue recurrida por el PP ante el Constitucional sin que a su regreso al Gobierno en 2012 la derogara, e incluso dejara por el camino a un ministro de Justicia que intentó cambiarla. También el TC se lo ha tomado con calma y no ha resuelto el recurso de inconstitucionalidad, aunque ahora le han entrado las prisas.

    La nueva Ley Montero de seguridad sexual y reproductiva, que en su caso vendría a resolver una resolución en contra de la ley actual del TC tiene también un punto de inflexión importante, regular la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios para que el aborto pueda realizarse fundamentalmente en los hospitales públicos y no en clínicas privadas –otra anormalidad si existe el derecho–, además de otras cuestiones, como la protección a las trabajadoras con reglas incapacitantes, una iniciativa singular en nuestro entorno.

    La prevista presencia del rey emérito Juan Carlos I en España a partir de esta semana, como está anunciado, supondrá la recuperación de otra cierta normalidad, la vuelta de su exilio sugerido por la conducta personal impropia de quien fue uno de los artífices de la Transición que permitió la reconciliación de los españoles.

    Una contribución histórica que por mucho que se empeñen sus defensores en ensalzarla y sus detractores en minusvalorarla, está ya en la historia de España como un momento culminante. Pero no es eso de lo que se trata, sino de que sus comportamientos irregulares, que han sido sobreseídos judicialmente, le han dejado estigmatizado. Tras esta primera visita se normalizará su presencia en España cuando viaje desde Abu Dabi.

    Vuelta a la normalidad con una cierta anormalidad en la reapertura de las fronteras entre Ceuta y Melilla y Marruecos, por la causas que las mantuvieran cerradas y ahora de su reapertura. ¿Hasta cuándo durará la normalidad? Esa es la pregunta normal.

    Y una última anormalidad normal, las noticias sobre la corrupción pasada en el PP.

    18 may 2022 / 01:00
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