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Nuevas normas sanitarias

    HAN de saber nuestros gobernantes nacionales, autonómicos y municipales, que la infinita mayoría de los ciudadanos aceptamos, y hasta agradecemos, cuantas normas de seguridad y prescripciones sanitarias sea oportuno implementar e imponer por el bien de nuestra salud y en beneficio de nuestra economía. Lo que encontramos difícil de tolerar es la dejadez o la inacción por parte de quienes ostentan cargos de gestión, así como la falta de responsabilidad de unos pocos, que perjudica a la mayoría.

    Estamos dispuestos a cumplir a rajatabla medidas de distanciamiento, reducción de aforos tanto en espacios públicos como privados, así como a llevar mascarilla hasta en espacios naturales como pueden ser las playas; o incluso, como se ha propuesto en Galicia, a informar de desplazamientos a lugares castigados con un elevado índice de contagios.

    Llevamos casi cinco meses lidiando con el virus, cada uno en la medida de sus posibilidades; y aunque parece que cada vez sabemos menos de sus características, lo que es innegable es que se contagia y propaga con facilidad, que el confinamiento fue la única medida realmente efectiva para frenarlo, y que la vuelta a una vida social activa sin la prudencia necesaria está aumentando exponencialmente el número de enfermos.

    Como los tratamientos están aún en fase experimental, y la vacuna tardará en demostrar su aplicabilidad y efectividad, por no hablar de su disponibilidad, las alternativas son pocas. Por ello no le debe temblar el pulso a quienes tienen el deber de velar por la salud y la economía de sus países, comunidades o ayuntamientos. Más aún; su firmeza no implicará desprestigio para una nación, una región o un municipio, sino todo lo contrario: infundirá seguridad y seriedad tanto en sus habitantes, como entre sus visitantes.

    Fíjense en el caso de A Mariña en Lugo, que trascendió a los medios de comunicación por el inesperado y virulento brote que sufrió, y que ahora está controlado. Todos lamentamos la situación en la que se vio envuelto un paraje tan singular y un destino turístico tan atrayente; pero no se titubeó con la necesidad de confinar el área, incluso en campaña electoral. Tuvo consecuencias económicas y sociales a corto plazo, pero era y es la única forma de salvar una temporada estival a largo plazo. Somos muchos los que pensamos que, a raíz de esta circunstancia adversa e inesperada, A Mariña es ahora una zona segura que ha sabido protegerse y evitar un mal mayor.

    Parecida admiración causan los casos de Murcia, Lérida o Cantabria, pues hay regidores de todos los colores políticos que sí están dispuestos a dejarse la piel para salvar las vidas de sus ciudadanos. Han de saber que la sociedad está dispuesta también a reconocer su trabajo, y a renunciar a cuantas libertades sean precisas para poder salir adelante social, económica y sanitariamente.

    02 ago 2020 / 00:20
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