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Ojo con el triunfalismo

    TRAS el descalabro andaluz, el primer síntoma del cambio de estrategia de Sánchez para el último trecho de legislatura, le queda año y medio escaso, sea la bajada del IVA de la luz, asumiendo la propuesta de Feijóo al respecto. Lo negará el presidente, como negó el cambio de posición española con respecto al Sáhara, pero todo el mundo entenderá que sí, que cambió de opinión sobre lo que el Gobierno dijo hace unos días: “Bajar el IVA es una medida cosmética que no soluciona nada”.

    Probablemente no será el último bandazo. El baño de realidad que supusieron los comicios del domingo en Andalucía debiera tener sus efectos. En el PSOE queda gente sensata, sobre todo en las comunidades que gobierna, que le forzará a tomar medidas acordes al sentido común.

    Cierta izquierda considera más eficaz la subvención, el aguinaldo, el cheque nominativo que ajustar la fiscalidad para compensar la pérdida de poder adquisitivo provocado por la inflación. Maduro regalaba jamones por Navidad. El modelo populista es simple: aumentar los ingresos vía tributos para repartirlos como los Reyes Magos. Funciona electoralmente, al menos a corto plazo, hasta que la sociedad toma conciencia de que no es un sistema riguroso y perdurable para generar riqueza estable e igualdad.

    En los cuatro años de Gobierno Sánchez se aplicaron medidas de esta índole y crecieron tanto la pobreza como la desigualdad en España. Cierto que por medio sufrimos una pandemia y ahora la guerra en Ucrania pero ya antes, y a la par, se venía resintiendo el Estado de bienestar.

    Los andaluces dejaron varios recados este domingo. Fueron elecciones autonómicas, sí, pero con repercusión general. Por la magnitud de la muestra y la contundencia del resultado todo indica que son preludio de algo más. En el mercado de futuros el PSOE pierde enteros. Y ya no digamos Unidas Podemos. Los ciudadanos ya no tragan con políticas populistas. No resultan creíbles. O cambian de estrategia o reviviremos los aciagos últimos tiempos de Zapatero.

    Vox consiguió muchos votos, pero menos de los esperados y fracasó en el objetivo de ser necesario. Se benefició de la campaña de la izquierda situándolo en el poder. Al no lograrlo pierde la condición de imprescindible. Es de prever que muchos de sus votantes volverán al PP, máxime cuando Feijóo es candidato con serias opciones de alcanzar la Moncloa.

    La severa derrota de Unidas Podemos, bajo la fórmula Por Andalucía, supone un fuerte varapalo para el proyecto de Yolanda Díaz. No hay mejor medio de transmisión que unas elecciones para escuchar lo que dice la gente de la calle. Si únicamente se va a quedar con lo que le susurren sus allegados no hará un buen diagnóstico y, por consiguiente, acertar en las recetas.

    A Feijóo se le ponen mejor las cosas, pero le queda mucho camino por recorrer. La desatada euforia inicial es mala compañera para una carrera de fondo. El triunfalismo hace perder la perspectiva. Por delante tiene unas municipales y autonómicas, pero sobre todo mantener un comportamiento serio y responsable, apoyando al Gobierno cuando sus medidas favorezcan a todo el mundo y oponiéndose con argumentos en caso contrario.

    A mayores de lo dicho, con carácter general, las elecciones en Andalucía suponen una vuelta a los mejores tiempos de la democracia española por la estabilidad institucional que aportan. No importa quién de los dos esté en el Gobierno o la oposición.

    23 jun 2022 / 01:00
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