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sábado, 23 enero 2021
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Orden en el barullo

    MI teléfono portátil es un centro de comunicaciones: recibo sonidos de atención, goteo de toques, tic, glup, chop, un flash de pantalla; los miembros de los grupos de que formo parte tienen fotos de nieve, chistes de pandemia, noticia de contagio, un análisis del asalto al Capitolio, saludos de un pariente, una lastimosa petición de dinero por gmail...

    Revisito el móvil cinco horas después de mediodía: han llegado cincuenta nuevos, uff: pensaba que el celular era un complemento y en realidad yo soy una terminal del móvil. Ha creado una relación de dependencia que no soy capaz de romper.

    Procuro aprender de otros: apagado durante comida, silen-cio durante el trabajo creativo, timbre anulado, dos momentos nada más de atención al día.
    Esos momentos son finalmente tres y uno de ellos consume cuarenta minutos de atención: es que hay fotos muy graciosas, vídeos irresistibles, un comentario atinado. Merecen visionado, escucha, respuesta y... ¡vaya, se me fue la tarde!

    Damos gracias por la Tecnología, esa chispa aplicada de la inteligencia divina. Acciona el lavavajillas, sube el ascensor, me proporciona datos, me aclara dudas. Aunque cada apertura a internet está trufada de publicidad: acabo aceptando cookies por librarme de su envolvente insistencia.

    Me convencen mis asesores de que estamos controlados acerca de nuestras tendencias, identidad, gustos y opiniones. Conviene estar informados, supongo, porque somos contemporáneos: pero la sobreinformación no nos hace más sabios ni mejores.

    Fatiga la mucha atención dedicada a naderías y falta tiempo para ordenar lo recibido. Mente y corazón necesitan silencio. ¿Se lo podemos dar? Poniendo orden en las tareas: lo que más descansa es acabar una actividad, y acometer la siguiente, o dejarla para mañana. Y hacer que duerma unas horas el móvil.

    13 ene 2021 / 00:15
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