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Otro verano en pandemia

    CUANDO ya se estaban engalanando con esmero nuestras villas turísticas, preparando sus arenales, y organizando la reapertura de sus locales de ocio, nos hemos topado de bruces con la que algunos denominan la quinta ola de la pandemia. Las prisas de unos pocos amenazan con penalizar la sostenida prudencia de la mayoría.

    Nos aseguran que son los jóvenes de entre 16 y 29 años quienes más están contribuyendo al aumento de contagios en toda España, Galicia incluida. Y hay quien incluso pretende justificar actos como la participación en botellones, la renuncia a la mascarilla, o las aglomeraciones que vemos todos los días, apelando a su juventud y a su derecho al ocio y a la diversión.

    Pues bien, es a ellos a quien quisiera recordarles que también los ancianos tenían derecho a una vida digna que, sin embargo, les fue truncada en no se sabe cuántos casos. Del mismo modo, nuestros sanitarios merecían desarrollar su labor en condiciones óptimas. Asimismo, los más pequeños de nuestros hogares deberían haber podido estar con sus abuelos, y disfrutar de la compañía de sus amigos.

    Igualmente, los pequeños empresarios y hosteleros tienen derecho a ganar su sustento, mantener sus puestos de trabajo y poder atender, así, las necesidades de sus familias. Pero todos hemos visto cómo la pandemia ha conculcado muchas de nuestras legítimas libertades. Y también hemos comprendido que existe una causa de fuerza mayor. No se puede, en consecuencia, privilegiar el derecho de unos pocos, al tiempo que sacrificar el del resto de la población, ni apelando a la juventud ni a ningún otro condicionante.

    Ante la situación actual, las autoridades políticas y las fuerzas de seguridad deberían centrar sus esfuerzos en los verdaderos espacios de contagio, como son los botellones y las reuniones de jóvenes en pisos y garajes privados; porque ya vimos el pasado verano cómo, por ejemplo, mientras se prohibía a los más pequeños cualquier deporte en los arenales, las reuniones multitudinarias y los grupos de jóvenes dentro y fuera de los mismos se pasaban por alto.

    Esperamos que este verano se entienda que las niñas y los niños de infantil y primaria también tienen derecho a moverse, y a hacer deporte al aire libre. No es natural ni está sanitariamente justificado impedirles disfrutar de, aunque sea, ciertos espacios reservados en las playas, en los que puedan practicar sus deportes y actividades favoritas.

    Bienvenidos sean, pues, todas las medidas de prevención. Ojalá la responsabilidad de ciudadanos y autoridades le permita a mayores, jóvenes y pequeños disfrutar nuestros parques y arenales, aunque sea con mascarilla y manteniendo las preceptivas medidas higiénicas y de seguridad. Hay espacio para todos; eso sí, si se gestiona adecuadamente.

    11 jul 2021 / 01:00
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