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Rueda, política de continuidades

    COMO la sesión de réplica al discurso de investidura del a partir de hoy presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, se circunscribió, desde la oposición, a la venta entusiasta de sus propios programas electorales antes que confrontar las políticas en juego, pretender sacar conclusiones definitorias de lo que realmente se sustanciaba es pura quimera en un Parlamento gallego que intenta ser mimética copia del patio de Monipodio en que se convirtió el Congreso de los Diputados.

    Por eso, todos los esfuerzos que hizo el candidato para presentar su programa continuista con el aval del continuado apoyo electoral mayoritario a las políticas puestas en marcha a lo largo de trece años y de las que quiere ser fidedigno continuador, con sus propios matices , se estrellaron ante el archi-repetido discurso programático de una Ana Pontón que sigue sin enterarse que su propia sesión de investidura aún está por llegar, si es que alguna vez abandona los mundos de Yupi a que la invitó el candidato actual. Con los mantras de la tarifa eléctrica propia o el concierto gallego, ampliamente descalificados por los economistas más solventes, faltó a su manirroto discurso esa obligatoriedad que se exige de toda ley y que el Gobierno de la nación suele olvidar repetidamente, pasando lo que pasa: La cuantificación económica a invertir y los capítulos de los que detraer aquello que se quiere gastar. Razón más que suficiente para no hacer creíble el buenismo discursivo de, efectivamente, los mundos de Yupi. Dejó en el limbo, eso sí, las más trascendentes preguntas que los gallegos se hacen sobre una formación tan ciegamente seguidora de las controvertidas políticas de ERC o Bildu y sobre las que el BNG aún les debe respuesta explicativa, sino satisfactoria.

    Inmersos en su siempreviva división interna, con un portavoz de prestado y el candidato in pectore en la tribuna de invitados, el PSdeG tuvo el desafortunado desliz de una descalificación ad hominem que sólo el buen sentido del candidato dejó pasar cuando, además, podía contraponerle la irrefutabilidad de un más que repetido apoyo electoral; a la postre, el verdadero definidor de valías. Por lo demás, la reiteración del secretario general, repetida en el hemiciclo por su portavoz, de que familia, empleo y juventud son una referencia retrógrada –por Dios, ¡Quién le fija el argumentario!– evidencian el desnortado rumbo de una carrera electoral socialista de dos años que precisa de urgentes cambios. El primero, ser conscientes que en 2024, cuando los gallegos vuelvan a las urnas, Pedro Sánchez no será ya más que una tan desafortunada como ejemplarizante nota a pie de página de los libros de historia sobre lo que no debe hacerse en una democracia.

    Tuvo acierto el candidato al enmarcar sus propósitos en un peculiar estilo de hacer política en Galicia, el del sentidiño, de Albor a Laxe, de Fraga a Touriño o Núñez Feijóo. Denunciaba, así, el discurso belicista del BNG y ofrecía una mano tendida que el socialismo, absurdamente, declinó. Se olvida de que ahí está la voluntad mayoritaria de los gallegos.

    14 may 2022 / 01:00
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