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Sigue el ruido

    NO dispuestos a hacer algo más productivo, los políticos, unos y otros, casi todos, se empeñan en seguir elevando el ruido. Algunos vuelven con la cantinela de que tienen un proyecto de país o para España. Cuántas veces lo hemos escuchado. Otros vuelan lejos en un dejà vu de no se sabe muy bien a qué ni para qué, pero paga usted señor ciudadano. Son fotos que salen caras. Pero nadie pregunta. Recorrido, escasito. Pero esta es otra historia.

    Ya España ha recobrado su normalidad, aunque hace tiempo que lo había hecho de facto. Estadios de futbol a reventar. Calles nocturnas atrapadas por la adrenalina de una juventud botellera y ruidosa. Afortunadamente hay otra parte que no. Y en medio, alguien desliza sutilmente una pancarta que nadie respeta, “respeten el silencio”. La sordera es enorme casi igual de voluptuosa que la ceguera omnisciente en la que los españolitos nos gusta recostarnos. No vamos a cambiar a estas alturas.

    Entre medias el gobierno que aún no se ha desdibujado en dos, en eso Sánchez no ha flojeado, sabe que la vicepresidenta segunda, la gallega de Podemos, empieza su juego en las alturas y su posicionamiento. En año, año y medio habrá elecciones. Y la cosa empieza a ponerse seria. Que se lo digan a Casado y la guerra madrileña. No hay casualidades ni viajes preprogramados, como tampoco fotos improvisadas con el Capitolio de fondos entre mallas atléticas. Y España qué? Pues me temo que cada vez importa menos. Como el orgullo o no de ser españoles. Somos un pueblo sumamente desagradecido, amnésico y escorado al primer viento o ventisca que atisbe novedades. Así nos va.

    Y que siga el ruido mediático o no. Nos dicen lo que quieren. Silencian lo que les interesan y pactan no exigirse responsabilidades. La misma historia o cantinela de siempre. Pero esta vez el humo y la ceniza del volcán parece que tapa cualquier otra noticia. Terrible lo que están viviendo y ojalá por una vez se sienta la fuerza de los poderes públicos y su servicio, sí servicio, al ciudadano y no el cambalache político ni las trabas burocráticas. Duro, durísimo lo que están viviendo miles de personas.

    Nadie limpiará la hojarasca que lo devora todo y siempre ha tapado las ideas, las iniciativas y los proyectos. No interesa que los haya. Nunca ha interesado. No es negocio. Ni menos rentable a corto. La miopía voluntaria de una buena parte de quiénes dirigen, y éste es concepto amplio y no solo abarcativo del espectro político, es la gran triunfadora. Se mira a corto, nunca luces largas. Ya vendrán otros y solucionarán. Ese es el lema, o quemarse en las piras de la nada.

    Sigamos como ciudadanos apáticos, pasivos resilientes, aplaudiendo el ruido y vociferando más alto. Pero al final, perderemos todos.

    04 oct 2021 / 01:00
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