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Tiempo de frivolidades

    CUIDADO con las frivolidades. Cuidado mayor con seguir erosionando lenta pero inexorablemente las instituciones. Ya no queda una sola que no haya visto debilitado su prestigio y sobre todo cuestionada su utilidad, herramientas, medios y actuaciones. Flaco favor a la democracia y a los valores de respeto, tolerancia, libertad y justicia, amén de la verdad. La primera gran víctima del entretenimiento melifluo de algunas formas demasiado onerosas a la postre de hacer política.

    Seguimos enfangándonos en un lodazal anodino pero muy peligroso para la vida pública y política. Siguen algunos empeñándose en desafectar a la sociedad de la política. Nada de regeneraciones, ni de limpiar la costra que devoran formas, gestos, actuaciones, discursos y responsabilidades de gobernar y gestionar. Aimlessly, dicen los ingleses, sin rumbo, decimos nosotros. No sabían algunos lo que es o era gobernar, pero sí ansiar los oropeles del poder, las alfombra naftalinizadas, el coche oficial, las vacaciones siempre pagadas. Quién sabe. O qui lo sà, es lo mismo.

    Y es que gestionar, gobernar, es sumamente complejo. Tanto en lo macro, como sobre todo en lo micro. Llegar al ciudadano. Desmenuzar los problemas y ya, sobre todo y ante todo, anticiparse a los mismos. Pero no hay más ciego que el que ve y se aferra o empeña en no querer ver, en negar la realidad, las evidencias, los hechos. En una negligencia atroz.

    Claro que en la gestión puede haber errores. Pero también la humildad para explicarlos, reconocerlos y explicarlos, y luego saber en qué dirección rectificar. Y no hablo ni de sabios ni menos de necios. Rectificar. Pero no enmascararlo en la prudencia excesiva, porque esta no vale en tiempos de urgencia, de emergencia y alarma donde son miles los muertos –muchos más miles de los que nos dicen, hasta en eso no son eficientes nuestros políticos–, porque esta prudencia es improvisación, zigzagueo, duda, miedo y, sobre todo, ignorancia suprema en no saber lo que hay que hacer.

    Gobernar es gestionar, es afrontar, es decidir, es imponer, pero es también informarse, prepararse, estudiar, dialogar, escuchar. La última decisión es tuya pero ha de ser una decisión informada. Gestionar es sumamente complejo, porque se gestionan vidas y haciendas, patrimonio y bienes tanto públicos como privados porque todo incide en la esfera personal y patrimonial del ciudadano. Todo, absolutamente todo. Nada se deja fuera ni al azar ni al capricho de las circunstancias.

    Tiempos de frivolidades, pero lo que es peor, de frívolos grandilocuentes donde todo vale y el anatema es la zozobra de emponzoñar lo público y el respeto institucional. Hace falta liderazgo, grandeza y altura de miras, sazonada con la sutileza de la gestión inteligente, discursiva y reflexiva. Necesitamos gestores, técnicos, expertos y políticos que, con decisión, les hagan caso a la hora de ponderar, equilibrar, calibrar y adoptar las decisiones. Y que lo hagan con responsabilidad y valor.

    Hace años escuché a un presidente que él nunca nombraría para un cargo a alguien que no tuviese experiencia de gestión. Lo tenía y lo tuvo claro. Y hoy más que nunca el tiempo le ha dado la razón. Gestionar con humanidad, con valores, con arrojo en tiempos de normalidad pero sobre todo en tiempos tan extraordinarios como los que vivimos y donde las incertidumbres son todavía numerosas. Gestionar el miedo, la angustia, el dolor de los ciudadanos también es importante, pero, sobre todo, aportando soluciones.

    09 may 2022 / 01:00
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