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Reseña Musical

Un monográfico wagneriano con Matthias Goerne

    Monográfico wagneriano con la “OSG” dirigida por Josep Pons en el Coliseum de A Coruña-20´00 h.-, aunque con ausencia de público por lo que el seguimiento se ofrecerá vía streaming, en el que destacará el barítono Mathias Goerne en un par de piezas, “Die Frist ist um”, de “Der Flegende Holander” (El holandés errante), del que también se escuchará la obertura y el descarnado “Wotans Abschied”, del tercer acto de “Die Walküre” (la Walkiria). De “Lohengrin”, se toma la obertura y para dar entrada, el “Preludio y muerte de Tristán”. Josep Pons, estuvo con la orquesta cerrando enero el curso anterior, poco antes del confinamiento, dejándonos en aquella oportunidad obras de Antonin Dvorak, Johannes Brahms, Zoltán Kodaly y Béla Bartok. Un director de consolidada carrera por sus relaciones con formaciones como la “Staatskapelle Dresden”, la “WDR Köln”, la “Royal Stokholm P.”, la “Gewandhouse Leipzig” o la “BBC Symphony O.”. La ópera está en sus preferencias habituales y en su etapa como director del “Liceu” de Barcelona, tuvo en confianza títulos como “Kata Kabanová”, barroquismo haendelianos- “Rodelinda”-, “Romeo y Julieta”, un “Tristán e Isolda”, “Don Giovanni”, la temible “Elektra”, de Richard Strauss y el estreno de su apreciable amigo Benet Casablancas “L´Enigma de Lea”. Pendiente en aquella temporada, estaban “Turandot” y “Lohengrin”- más Wagner dentro de lo posible- y otra serie de conciertos. Es director invitado de la “ONE”, de la que había sido director artístico durante nueve años y ostenta la dirección honorífica de la “O. Ciudad de Granada”, En el espacio de las grabaciones discográficas, dos firmas avalan sus resultados, “Harmonia Mundi” y “Deutsche Grammophon”, en su amplísimo repertorio con necesaria cabida a la música española. “Noches en los jardines de España”, de M. de Falla, con el pianista Javier Perianes, fue premiada con un “Choc de la Musique” y ”Melancolia”, con Patricia Petibon, recibió el “Grammophon Editor´s Choice”. Con Matthias Goerne, ganó el “BBC Prize” y en la relación preferente, “Goyescas” de Granados, con la “BBC S.O.”

    Matthias Goerne dejó su impronta en nuestro país dando a conocer el estreno de la ópera de Hans Werner Henze “L´Upupa”, compuesta en dedicatoria para el cantante, todo un honor, ya que anteriormente, le había concedido el protagonismo de “El Príncipe de Hamburgo”, que se preparó para Colonia. Ambos, personajes de gran calado. Un cantante que llegará a la ópera una vez que consolidaría su trayectoria a través del lied y el concierto, para lo que se tomaría el tiempo necesario. Aceptará roles sin limitaciones obligadas y atendiendo al carácter psicológico de los mismos, pasando por personajes como “Papageno”, aunque le atraerán sin limitaciones románticos de gran peso, “Wolfgang” de “Tannhauser”; “Parsifal”, también de Wagner; “Wozzeck”, en una perspectiva en profundidad de riesgo. Siempre con el “Anillo”, en mente, por lo que para la gala de la jornada, será una voz propicia. Henze, ya citado, le había descubierto cuando era estudiante y el compromiso entre ambos, quedará sellado. Habrá quien acabe encontrando afinidades entre “L¨Upupa” y otras óperas de tradición mágica alemana como “Abu Asany” o el “Oberon”, de K.Mª von Weber, a lo que Goerne responderá que esa atracción por lo exótico y lo lejano, es común en la tradición alemana.

    Un capítulo imprescindible en la tradición recuperadora, es el apartado concedido a los músicos de la generación desplazada pertenecientes a la llamada “Entartete Musik” (Música degenerada), los proscritos por el “III Reich Alemán” y que en la actualidad, se vive como una necesidad de mala conciencia colectiva. Goerne está en el compromiso y en una de las citas del Festival de Salzburgo, presentó “Die Bakchantien”, de Egon Wellsz, un eslabón de una cadena sin vuelta atrás, con otros títulos como “Die Tote Stadt”, actualmente casi de repertorio en temporadas líricas de primer rango: también la grabación de “Die Vogl”, de Wlater Braunfelds y “Hollywooderr Liederbuch”, del ideólogo de escuelas de vanguardia Hans Eisler. Una música compuesta en un momento determinado y que reclama el obligado reconocimiento histórico por la importancia testimonial de su legado.

    Wagner en su “Preludio y muerte de Trsitán”, pieza de condensa momentos concretos del “Tristán e Isolda”, y que con frecuencia, se elige como perfecto entronque con un programa como el presente, de absoluta dedicatoria wagneriana, ópera de la que el barítono aportará el “Monólogo del Rey Mark”. Ángel Fernando Mayo, una autoridad en la obra del compositor en toda su dimensión, afirma que la música ha quedado cristalizada como la obra más avanzada del autor y con atención en concreto a la “Muerte de amor”. Será el origen de la “Segunda Escuela Vienesa”, que reconocerá su deuda y el origen de su estética. Señala la cima expresiva del Romanticismo. Una obra para nada aislable, aunque habrá de reconocerse en su naturaleza, una música única e irrepetible. Lo mismo observaremos en “Parsifal” o el conjunto de la “Tetralogía”, obras que llevan el sello inconfundible de su forma, resultando trabajos a la vez cerrados por su evidencia inconfundible. Wagner acude a los viejos mitos de la cultura europea medieval y en esta ocasión, se acercará al sentimiento en la herencia del siglo XII, en sus ancestrales mitos: Chrétien de Troyes, Béroult o Eilhart von Oberg. Contribuyó con ello a la vanguardia de su tiempo, en lo literal y en lo musical, con un drama arquetípico dentro de la recuperación de la identidad, nacida del sufriente “Tristán”, e “Isolda”, queda magnificada en el “Dúo de amor”. La victoria del sentimiento sobre la razón.

    “Lohengrin” con la obertura del Primer acto, hasta los años treinta, la ópera más popular de Wagner. Su romanticismo refinado y conclusivo ayudó a que ganara rápidamente el afecto de todos los públicos de habla alemana, pasando de inmediato al resto de teatros líricos de otros espacios lingüísticos y culturales. Llegó a ser adaptada al italiano, motivando el interés de los tenores líricos, cual si fuera una ópera belcantista, azares que la posteridad se encargará afortunadamente de aparcar. El estreno acabará produciéndose en Weimar el 28 de agosto de 1850,aunque el autor ofrecerá en concierto fragmentos y pasajes en Dresde, en un tanteo de aproximación y que volverá a repetir en Zurich, Londres y París, a lo largo de varias temporadas. “Lohengrin” en su estreno, le había reportado menos beneficios de los esperados, unos 600 marcos, en un período en el que Meyerbeer conseguía 700.000 por “Roberto el Diablo”. ¿Qué se siente cuando se escucha el Preludio de “Lohnegrin”. Cuatro violines solistas anunciando la aparición de una manifestación luminosa. Esta es precisa y concreta, en el melódico dibujo del motivo del Grial. Desde aquí, la orquesta no hace más que seguir creciendo.

    “El holandés errante” con la obertura y de nuevo Goerne interpretando “Frist is um”, nuevo monólogo que reclama cantantes especialmente dotados, en respuesta a las exigencias planteadas por el personaje y que preferentemente, está escrito para una voz de barítono-bajo, una voz que en la época era casi una monstruosidad: los barítonos no podían descender hasta las notas más graves y,sobre todo, no podían prestar al personaje el color sombrío y fatigado que exige, pues el maldito de los mares exhala de sí acongojante cansancio vital, deseo infinito de olvido, de no haber existido, Por otra parte, los bajos no tenían la menor posibilidad de alcanzar los campaneantes y dramáticos agudos con los que este ser doliente increpa a su destino: buscar cada siete años a una mujer para nacer un nuevo amor, que en su caso será morir al fin. El “Holandes”, encuentra a esa mujer en “Senta”

    29 ene 2021 / 00:00
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