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Un nuevo tiempo

    SI el Gobierno decide rebajar el IVA del recibo de la luz del 21 % al 10 % es para desviar la atención sobre el indulto de los condenados por el procés que se encuentran en prisión. Si el Gobierno decide que a partir del próximo sábado no sea obligatorio el uso de la mascarilla en espacios abiertos y en determinadas circunstancias es para distraer a los ciudadanos de unos indultos que pueden abrir un nuevo camino en la solución del expediente catalán, o inflamar los ánimos de los independentistas que se aprovecharían de las debilidades del Estado que habrían quedado al aire con la concesión de una medida de gracia que para ellos es un paso muy corto.

    Esa forma de pensar contribuye a dar por buena la sensación de que los ciudadanos solo son capaces de prestar atención a un solo asunto que tapa todos los demás. Ni la luz ni las mascarillas ocultan la importancia y las consecuencias que pueden tener unos indultos que abren un nuevo tiempo que es difícil saber adónde conduce. A favor del Gobierno puede decirse que cuando se adoptan medidas que condicionan la actuación de los independentistas, las reacciones son menos virulentas de lo que se teme.

    Ocurrió cuando se prohibió a Batasuna. Ocurrió cuando se aplicó el artículo 155 para suspender la autonomía catalana y ha ocurrido con la presencia de Felipe VI o de Pedro Sánchez en Cataluña con manifestaciones de protesta de los independentistas, que son una caricatura si se comparan con la ofensa que según ellos representa.

    Los indultos tienen una sólida base jurídica que tratan de evitar que pueda prosperar un recurso ante la Sala de los Contencioso-Administrativo del Supremo. Que Casado intente personarse como perjudicado porque su nombre apareció en unas búsquedas de Google y que de ahí se infiera que iba a ser víctima de un atentado de un grupúsculo de los CDR es un exceso con poco recorrido.

    Una vez más estamos condenados a no entendernos. Por falta de grandeza política, por cortedad de miras, por irredentismo nacionalista. No hay ninguna posibilidad de encontrar un punto de acuerdo ante una evidencia, la necesidad de que un problema político se resuelva por medios políticos. Ni habrá independencia de Cataluña, aunque lo vuelvan a hacer –un referéndum ilegal– ni habrá un cambio de régimen, ni nada que sobrepase los límites de la Constitución.

    Los temores que presentan a Pedro Sánchez como un liquidador de la unidad nacional son juicios de intenciones que no se corresponden con la realidad por muchos temores que se desplieguen y por muchos gestos de desafección y de soberbia que realicen los independentistas, los únicos que hasta ahora han sentido sobre sus espaldas el peso de la ley, por una parte, y por otro un gesto de “convivencia y concordia” que les genera más problemas que beneficios aunque traten de mantener el tipo, porque les genera inmensas contradicciones y les resta argumentos.

    23 jun 2021 / 01:00
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