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Viajes que salen caros

    QUÉ caros están saliendo esos viajes juveniles que, sin duda, se han celebrado en un momento bien poco propicio. Salen caros para la sociedad, que ve cómo en muchas zonas se frena la tendencia a la baja que veníamos disfrutando con respecto a la pandemia. Estas imprudencias penalizan ahora a las localidades tanto de destino de esas excursiones, como de procedencia de los jóvenes, pues ven peligrar la desescalada que ya estaban experimentando y que tanto benefician a las economías locales. Pero salen mucho más caros para esos jóvenes y sus familias; la mayoría confinados, algunos ya contagiados, otros ingresados en hospitales, e incluso alguno en la UCI.

    La sociedad y la prensa se echan las manos a la cabeza, y se hacen eco de la imprudencia que supuso permitir, organizar y no supervisar esas excursiones como se debía haber hecho en cualquier circunstancia, pero más aún en época de pandemia. Nadie cuestiona que nuestros jóvenes están en edad de divertirse, pero quizá debieron esperar un poquito más; o, de no hacerlo, evitar participar en eventos masificados y, sobre todo, en celebraciones restringidas por normativa.

    También se comprende el deseo de padres y madres de premiar el esfuerzo realizado por sus hijos durante dos cursos escolares muy difíciles, pero deberían haber calculado si cumplirles el gusto se podría convertir en un terrible disgusto, como así ha sido.

    Igualmente, es reprobable la actuación de quienes tenían encomendado mantener el orden, la distancia y evitar aglomeraciones en zonas turísticas; porque contrasta el celo y las medidas preventivas (algunas dudosas jurídicamente), con su despreocupación durante esas congregaciones masivas en conciertos y botellones.

    Pensemos, además, en el flaco favor que tanto las imágenes que han trascendido, como las consecuencias de las mismas, tienen para atraer turistas a ciertos enclaves del territorio español. Incluso a nivel estatal nuestras autoridades deberían haber transmitido un mensaje más prudente y realista sobre las circunstancias sanitarias que aún estamos viviendo.

    Ahora se comprueba que, más que anunciar el fin de las mascarillas, hubiera sido preferible seguir informando de las precauciones a las que todos debemos someternos, especialmente los más jóvenes, por no haber sido vacunados.

    Como el daño ya está hecho, sólo cabe desear que esos jóvenes contagiados se recuperen, y que sus familias no contraigan la enfermedad. Debemos aprender del error todos, jóvenes, padres, y autoridades locales, regionales y estatales; y poner los medios necesarios para revertir el incremento en la incidencia de contagios, pues únicamente así, con determinación, se podrá preservar la salud, salvar la época estival y mantener el lento despegue de la economía.

    04 jul 2021 / 01:00
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