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Vigilados

    HACE años que vengo insistiendo en un concepto que aprendí de Javier Roig, una de las grandes cabezas politológicas y del sentido común que tiene este país, los excesos de un estado vigilante y las debilidades de una sociedad vigilada. Mas ¿quién vigila a quién y en todo caso, por qué y para qué nos vigilan?

    Más allá de quiénes crean y venden softwares lo cierto es que nunca como hasta el presente y con el desarrollo ingente de la inteligencia artificial y la tecnología se puede vigilar, focalizar, conocer, robar datas, phising y un largo etcétera. Creíamos que todo se quedaba en un ataque cibernético, pero todo cambia y puede cambiar a pasos agigantados y donde el ciudadano de a pie es un simple espectador silente, ignorante en suma, de hasta donde pueden llegar empresas, gobiernos y servicios de inteligencia de todo tipo.

    Ya no todo vale escudarlo en secretos oficiales o en intereses reservados. Se protege en ocasiones lo que no se debe y se airea lo que interesa pero esta es harina de otro costal donde los devaneos y los cambalaches juegan en el lodazal en que la política ha decidido, por vocación propia, ser enfangada o enterrada. Así de simple. Claro y cansino.

    No se entiende muy bien, o no es creíble del todo que ahora tras la polvareda del software
    israelí Pegasus y el espionaje, dejemos ya lo de presunto, a x políticos, venga el Gobierno y diga que el presidente y la ministra también han sufrido tan convulsa artimaña.

    Nadie es capaz de preguntarse por qué y para qué y por quién se crean este tipo de productos que sirven para lo que sirven, pero aunque somos de memoria sumamente frágil, no se acuerdan hace años que las sedes de la UE en Bruselas eran espiadas por muchos y por casi todos a un tiempo. Esto del espionaje va o irá con el poder y con la mezquindad del ser humano donde el valor de la educación y la ética no casan.

    Aunque habrá quiénes dirán que para proteger a un estado –no se sabe muy bien de qué o quiénes, porque si se tapan las cloacas, los engaños, los negocios y altas comisiones de algunos, las guerras sucias y un largo etcétera, lo que estamos matando o debilitando es simplemente la democracia– son necesarios estos espionajes.

    Vayamos por partes y empecemos a decir algunas veces, de cuando en cuando, verdades en vez de tapar, callar y encender ventiladores y levantar alfombras mezquinas que solo interesan a unos para embarrar al otro y tapar la mierda propia y el delito.

    Pero sin duda, escuece, y mucho, que Bildu, epítome último del brazo político de ETA quién nunca entregó armas ni menos esclarece los más de 315 asesinatos sin resolver, entre en comisiones donde lo que buscarán será debilitar al Estado, como al mismo tiempo quiénes abrazan el independentismo subvencionado por el mismo estado que comen la mano que les alimenta.

    Malos tiempos para la verdad, para la elegancia política y para el sentido común. Malos tiempos incluso para desplegar el arte mismo de la política, porque ni siquiera los cínicos son bien vistos.

    04 may 2022 / 01:00
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